Antecedentes
Benedicto XV, Carta Encíclica Ad Beatissimi, 1914
“La fe católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero…” (p. 18)).
Benedicto XV, Carta al Episcopado Portugués, 18-12—1919
“es propio de todo cristiano someterse fielmente a poder que de hecho gobierne en el Estado. (…) la Iglesia…exhorta a sus hijos a la obediencia, sea la que sea la constitución política del Estado”.
Pío XI, Encíclica Dilectissima Nobis, 3-6-1933
“Pues todos saben que la Iglesia católica, no estando bajo ningún respecto ligada a una forma de gobierno más que a otra, con tal que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana, no encuentra dificultad en avenirse con las diversas instituciones políticas, sean monárquicas o republicanas, aristocráticas o democráticas” (6).
“Y con Nos y con el episcopado estaban de acuerdo no solamente el clero, tanto secular como regular, sino también los católicos seglares, o sea la gran mayoría del pueblo español, el cual, no obstante las opiniones personales, no obstante las provocaciones de violencia y represalia, manteniéndose en la tranquila sujeción al Poder constituido, sin dar lugar a desórdenes, y mucho menos a guerras civiles” (12).
Enc. Mit Brenender Sorge, 37, a los obispos alemanes
Enc. Non Abbiamo Bisogno, 31,
Pío XI, Enc. Quas Primas, 1925
“Nos albergamos uma gran esperanza de que la festividad anual de Cristo Rey, que em adelante se celebrará, acelerará felizmente el retorno de toda la humanidad a nuestro amantísimo Salvador. Sería, sin duda alguna, misión propia de los católicos la preparación y el aceleramiento de este retorno por medio de una activa colaboración: sin embargo, son muchos los católicos que no tienen en la convivencia social el puesto que les corresponde ni gozan de la autoridad que razonablemente deben tener los que alzan a la vista de todos la antorcha de la verdad. Esta desventaja podrá atribuirse tal vez a la apatía o a la timidez de los buenos, que se retiran de la lucha o resisten con excesiva debilidad; de donde se sigue como natural consecuencia que los enemigos de la Iglesia aumenten en su audacia temeraria” (12).
Benedicto XV, Carta Encíclica Ad Beatissimi, 1914
“La fe católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero…” (p. 18)).
Benedicto XV, Carta al Episcopado Portugués, 18-12—1919
“es propio de todo cristiano someterse fielmente a poder que de hecho gobierne en el Estado. (…) la Iglesia…exhorta a sus hijos a la obediencia, sea la que sea la constitución política del Estado”.
Pío XI, Encíclica Dilectissima Nobis, 3-6-1933
“Pues todos saben que la Iglesia católica, no estando bajo ningún respecto ligada a una forma de gobierno más que a otra, con tal que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana, no encuentra dificultad en avenirse con las diversas instituciones políticas, sean monárquicas o republicanas, aristocráticas o democráticas” (6).
“Y con Nos y con el episcopado estaban de acuerdo no solamente el clero, tanto secular como regular, sino también los católicos seglares, o sea la gran mayoría del pueblo español, el cual, no obstante las opiniones personales, no obstante las provocaciones de violencia y represalia, manteniéndose en la tranquila sujeción al Poder constituido, sin dar lugar a desórdenes, y mucho menos a guerras civiles” (12).
Enc. Mit Brenender Sorge, 37, a los obispos alemanes
Enc. Non Abbiamo Bisogno, 31,
Pío XI, Enc. Quas Primas, 1925
“Nos albergamos uma gran esperanza de que la festividad anual de Cristo Rey, que em adelante se celebrará, acelerará felizmente el retorno de toda la humanidad a nuestro amantísimo Salvador. Sería, sin duda alguna, misión propia de los católicos la preparación y el aceleramiento de este retorno por medio de una activa colaboración: sin embargo, son muchos los católicos que no tienen en la convivencia social el puesto que les corresponde ni gozan de la autoridad que razonablemente deben tener los que alzan a la vista de todos la antorcha de la verdad. Esta desventaja podrá atribuirse tal vez a la apatía o a la timidez de los buenos, que se retiran de la lucha o resisten con excesiva debilidad; de donde se sigue como natural consecuencia que los enemigos de la Iglesia aumenten en su audacia temeraria” (12).