Primera cuestión: no son análogos los conceptos de
nación y Estado. La absorción de la nación por el Estado, es propia de los
regímenes totalitarios. Recordemos la fórmula de Mussolini:
Todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del
Estado.
Si se aplicara este enfoque a nuestro país, quedarían
fuera de la protección del Estado cuatro millones de extranjeros, que conviven
con nosotros pacíficamente, pero que nunca pertenecerán a la nación argentina,
aunque adquieran la ciudadanía, pues la nacionalidad es un sello indeleble que
se recibe al nacer en un territorio determinado.
La nación es un lazo de parentesco espiritual, una
forma de sociabilidad entre personas vinculadas por una serie de factores
comunes; es un concepto cultural:
constituye un conjunto de factores geográficos, étnicos, linguísticos,
históricos, que definen a un pueblo, y lo distinguen de cualquier otro.
El Estado, por el contrario, es una sociedad, es
decir una agrupación formada deliberadamente. Es el órgano de conducción
política de un pueblo determinado, que puede estar integrado por personas de
distinto origen nacional.
Segunda cuestión: si las medidas adoptadas por el
actual gobierno han fortalecido al Estado. La realidad objetiva muestra un
sector público cada día más desarticulado, ineficaz, que no está en condiciones
de prestar adecuadamente los servicios esenciales: salud, educación, seguridad.
La estatización de Aerolíneas agravó la situación anterior, y esa empresa que
fue distinguida en otras épocas como una de las mejores del mundo, produce 2
millones de dólares diarios de pérdida. YPF, también estatizada, necesita
inversiones de más de 20.000 millones de dólares, para explotar el rico
yacimiento de Vaca Muerta; como ningún país occidental está dispuesto a
invertir parece probable que se acuerde con una empresa perteneciente al estado
Chino, lo que no indicaría precisamente un avance de la soberanía argentina.
Pero como esas medidas, al igual que la ley de
medios, han sido presentadas como ejemplo de nacionalismo, podemos utilizar el
concepto de densidad nacional, que ha estudiado el economista Aldo Ferrer. Lo
define como el conjunto de condiciones de circunstancias que determinan la
calidad de las respuestas de cada nación a los desafíos y oportunidades de la
globalización. La densidad nacional es determinante de su desarrollo o atraso,
de su autonomía o subordinación.
Dos factores que favorecían a la argentina: la
cohesión y la movilidad social, se han deteriorado aceleradamente en la última
década. La decadencia de la educación pública, los altos índices de pobreza y
desempleo, la creciente deuda externa, la extranjerización de más de la mitad
de las grandes empresas, la fuga de capitales, el aumento exponencial del
delito:
Han contribuido al deterioro de las condiciones de
vida de la mayoría de la población, y a fracturar la cohesión social y el
sentido de pertenencia a un destino compartido.
La baja calidad de nuestra densidad nacional nos
encuentra gravemente debilitados para enfrentar con éxito los desafíos de la
globalización. Esto requiere con urgencia un esfuerzo enorme de los dirigentes
para generar políticas adecuadas para superar la situación existente.
7-12-12