Instituto Social León XIII
Centro para la Investigación y Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia
CAUSAS Y DESAFÍOS DEL DESARROLLO
Enrique Lluch Frechina.
Universidad CEU Cardenal Herrera
0. INTRODUCCIÓN
El objetivo de este artículo es hacer un repaso por las distintas ideas existentes acerca
de las causas del subdesarrollo para derivar, a partir de ellas, cuáles son los desafíos actuales
ante los que nos encontramos a la hora de afrontar las grandes desigualdades entre naciones
que existen en este momento. Para ello no se va a realizar un análisis sistemático de las
distintas teorías situándolas en su contexto teórico, histórico o ideológico, sino que se van a
tomar sus desarrollos principales para exponerlos organizados según el agente sobre el que
recae la responsabilidad de la situación de pobreza o de retraso comparativo. La idea que
subyace a esta disposición es que no existe una teoría que explique globalmente las causas de
todas las situaciones de desventaja ante las que nos encontramos en la actualidad. Ya que
todas ellas ofrecen una explicación parcial que no agota todas las posibilidades. Es por ello
que no es posible rechazar sus conclusiones por que no expliquen la totalidad ni aceptarlas de
una manera excluyente repudiando el resto como incorrectas. En este texto se acepta la
validez parcial de la mayoría de ellas para, a partir de sus conclusiones, detectar cuáles son
los puntos claves que nos permitirán, mejorar la situación actual incidiendo sobre su origen y
no sobre sus repercusiones visibles.
I. DESARROLLO
El primer paso que debemos dar es delimitar el significado de desarrollo. En la
vigésimo primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia
Española, define desarrollar como: "Progresar, crecer económica, social, cultural o
políticamente las sociedades humanas" (Real Academia Española, 1992: 694). Al establecer
la relación de calificativos utiliza una conjunción disyuntiva y no una copulativa, lo que da a
entender que siempre que hablamos de desarrollo tenemos que ponerle un adjetivo o que,
para saber a cual de los cuatro aspectos se está refiriendo el desarrollo, se debe observar el
contexto en el que aparezca la palabra. Sin embargo, esta definición puede pecar de imprecisa
y debería ser matizada. Las cuatro realidades a las que hace mención están siempre en continuo movimiento, nunca se mantienen inalteradas, solo podremos saber si progresan o crecen si nos fijamos un objetivo al que queramos llegar. No nos es posible afirmar que una
sociedad está progresando o creciendo políticamente si no tenemos una concepción previa de
dónde queremos llegar o de cual es el buen modelo de organización política. Tal vez esto sea
más sencillo de cuantificar en economía, aunque tampoco aquí nos escapamos de realizar un
juicio sobre qué es lo más deseable. No se puede saber si el progreso se está realizando si no
definimos previamente la situación a la que queremos llegar. Sin este punto de referencia u
objetivo final, no se puede hablar de desarrollo. Esto es una cuestión clave a la hora de pensar
sobre países subdesarrollados, en vías de desarrollo o menos desarrollados. Cuando
calificamos así a un estado, en el fondo tenemos uno o varios modelos de país que nos sirven
de referencia. Hablaremos de cualquiera de estos tres términos cuando la lejanía con el
modelo ideal que está en nuestra cabeza sea elevada.
Michael P. Todaro define como desarrollo "El proceso de mejora de la calidad de
todas las vidas humanas. Los tres aspectos importantes del desarrollo son el incremento de
los niveles de vida de la gente, sus niveles de renta, su consumo de comida, servicios
médicos, educación... a través de un proceso relevante de crecimiento económico; la creación
de las condiciones que lleven a un crecimiento de la autoestima de la gente a través del
establecimiento de instituciones y sistemas económicos, sociales y políticos que promocionen
la dignidad humana y el respeto; un incremento de la libertad de las personas agrandando sus
posibilidades de elección y aumentando las posibilidades de consumo de bienes y de
servicios" (Todaro, 1997: 685). Esta definición delimita un poco más el significado último
del desarrollo. Por un lado se centra en la cuestión económica cuando habla del crecimiento
económico y del aumento de las posibilidades de consumo, pero no se limita a este aspecto.
De hecho, las fuentes de una mayor autoestima y/o de un incremento de las posibilidades de
elección social no tienen por que estar directamente relacionadas con la renta per cápita. A
pesar de esto, los valores dominantes en nuestra sociedad pueden reducir estas dos premisas
del desarrollo a una cuestión exclusivamente económica. ¿Qué mejor manera de verse
reconocido y de mejorar la autoestima que a través de un incremento de los ingresos? Si la
única elección racional es la que persigue objetivos económicos, ¿Qué mejor manera de
incrementar nuestras posibilidades de elección que a través de unos mayores ingresos? Por
ello algunos pueden pensar que el único medio para alcanzar estos fines de desarrollo sería el
crecimiento económico.
El PNUD describe el desarrollo humano como "el proceso de ampliación de las
opciones de la gente" (PNUD 1996, 55). Estas opciones no solamente incluyen la mejora del
ingreso, sino que da un valor importante a otros aspecto como son “una nutrición adecuada,
acceso a agua potable, mejores servicios médicos, más y mejor enseñanza para sus niños,
transporte de bajo costo, vivienda adecuada, seguridad de tener medios de vida y empleos
productivos y satisfactorios... Libertad de movimiento y expresión, ausencia de opresión,
violencia o explotación... Cohesión social, afirmar sus tradiciones y cultura propia...”. En
esencia, esto se conseguiría intentando alcanzar los siguientes objetivos:
I. La potenciación de las personas: la ampliación de sus opciones y por tanto de su libertad
así como su mayor intervención en la toma de las decisiones públicas ya sea directa o
indirectamente.
II. La cooperación: el incremento del sentido de pertenencia a una determinada sociedad,
una mayor identificación con las raíces culturales de una comunidad hace que se incremente
el bienestar del ser humano
III. El incremento de la equidad: entendida esta como igualdad de oportunidades de acceso a
servicios como pueden ser la educación, la salud... Esto puede implicar una desigualdad en la
distribución de los recursos, de modo que reciban más aquellos que peores condiciones de
partida tienen.
IV. La sustentabilidad: es decir que la satisfacción actual de necesidades no actúe en perjuicio
de la que puedan hacer las generaciones venideras.
V. La seguridad: la protección frente a la violencia, el desempleo o la delincuencia.
Esta última definición aclara mucho más qué se puede considerar como un proceso de
desarrollo socioeconómico y delimita claramente cuál es el objetivo hacia el que debe
moverse este.
II. CARACTERÍSTICAS DE LOS PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO
Diversos autores caracterizan a los países en vías de desarrollo de distinta manera.
Describen cuales son las peculiaridades propias de aquellas naciones que consideran que no
han alcanzado un nivel de desarrollo adecuado y esto les permite reconocer el nivel de
desarrollo de un país atendiendo a si cumple o no estas singularidades. En este capítulo se
van a mostrar la mayoría de estas características. No se sigue las opiniones de ningún experto en concreto, sino que se presentan juntas y sin jerarquización alguna, aquellas que aparecen
más a menudo en la literatura existente al respecto. Esta opción hace que algunos países
considerados como desarrollados no cumplan todas ellas y viceversa. A pesar de esto, la
relación exhaustiva de las mismas ayuda a tener una idea general sobre cual es el modelo de
sociedad desarrollada que es más comúnmente aceptado.
I. Baja renta per cápita: La primera característica, en la que todos los autores coinciden,
es la baja renta per cápita con la que cuentan estos países. Para algunas instituciones y
muchos teóricos es el único criterio válido para diferenciar entre países menos y más
desarrollados por su facilidad de contabilización. Sin embargo, como ya se ha visto en las
definiciones de desarrollo dadas anteriormente, este parámetro por sí solo no es suficiente
para determinar el grado de retraso de una nación.
II. Baja productividad: Una baja productividad o dicho de otra manera, una utilización
ineficiente de los recursos existentes, es también, según algunos autores, una de las
peculiaridades de este grupo de países. La cantidad de producción por hombre empleado y
por unidad de tiempo es mucho más alta en aquellos países que se consideran desarrollados.
La causa de esta baja productividad es, en muchas ocasiones, lo que otros expertos
consideran como otra peculiaridad de esos países, su reducida tasa de acumulación de capital.
El incremento del capital invertido mejora la productividad de los trabajadores en la medida
que les permite producir más en el mismo tiempo. El problema que se plantean estos países
es quién puede financiar la adquisición de ese capital físico necesario para poder hacer frente
a una modernización de sus estructuras económicas. Las bajas tasas de ahorro, que parecen
ser comunes a las zonas en vías de desarrollo, impiden contar con los fondos necesarios para
incrementar la inversión.
III. Altas tasas de crecimiento vegetativo: En estos países se sigue dando un fenómeno
común a las economías tradicionales. En ellas una prole numerosa garantizaba un nivel de
vida en la vejez y era un seguro ante los riesgos reales de perder una parte de ella por motivos
de salud. Al mismo tiempo, en la mayoría de estas naciones se ha reducido la tasa de
mortalidad. La principal consecuencia de la conjunción de los dos hechos ha sido que la
población de estas regiones crezca más rápidamente en nuestros días que en cualquier otra
época histórica. El incremento del número de habitantes trae un problema añadido: es
necesario que el producto real de un país crezca a una velocidad superior a la de la población
para que la renta per cápita se incremente. De este modo, el aumento de la producción total
de la nación debe ser superior al que se da en cualquier economía más desarrollada, que tiene
un crecimiento vegetativo menor.
IV. Altas tasas de desempleo y subempleo: En el subempleo incluimos a aquellas personas
que trabajan menos tiempo del que se considera normal en una economía moderna. La
economía mantiene unos recursos ociosos que traen como consecuencia que esa sociedad no
se aproxime a su producción potencial. El problema no es debido a una circunstancia
coyuntural que puede acabarse cuando entremos en una fase alta del ciclo económico, sino
que se trata de una situación estructural, de la que solamente se puede salir en el caso de que
se den verdaderas transformaciones en la estructura productiva. Conjuntamente a esto, se
puede observar que la proporción de trabajo por cuenta ajena que se da en estas sociedades es
mucho menor que el de las naciones más avanzadas. Es decir, poca parte de la población
gana su sustenta a través de los salarios.
V. Fuertes desigualdades sociales y de renta: Las diferencias en la distribución interna de
la renta son muy acusadas, de manera que una mínima parte de sus habitantes goza de la
mayor parte de la renta que se produce en esa economía, mientras que la mayoría tiene que
vivir con una renta per cápita muy reducida. Si en uno de estos países eliminásemos del total
de la población el veinte por cien más rico, la renta media caería casi a la mitad.
VI. Dependencia de los sectores primarios: La mayoría de la población está empleada en
estas actividades o vive en zonas rurales. La producción agrícola constituye una gran parte
del producto interior bruto del país. La estructura de las exportaciones está esencialmente
compuesta por esta producción y por otros productos primarios como son los mineros o los
recursos naturales de modo que las industrias de transformación son mínimas en estos países.
La elaboración de productos a partir de las materias primas de estas regiones, se realiza
normalmente en los países más desarrollados.
VII. Baja cualificación de los trabajadores: Las tasas de analfabetismo son bastante altas.
Existe una gran cantidad de mano de obra no cualificada, pero unas grandes deficiencias de
personal especializado. El sector de la educación tiene grandes deficiencias, de modo que una
numerosa oferta de trabajo no está preparada para las nuevas tecnologías y su calidad es muy
baja. Es éste otro motivo por el que la productividad de los trabajadores no es muy elevada.
Los bajos niveles de formación hacen que, a pesar de la cantidad de desempleo existente, se
pueda considerar que el capital humano con que cuentan estos países es bastante reducido.
VIII. Fuertes desequilibrios en la estructura productiva y tecnológica: Conviven en el
mismo país industrias con una organización y con una tecnología puntera, con otras que siguen utilizando técnicas arcaicas de producción. El término medio es bastante reducido. La
incorporación tardía de estas economías al carro del progreso provoca estas fuertes
desigualdades entre unas empresas y otras. La integración se hace de una manera directa. El
periodo de adaptación prácticamente no existe. No conocen las tecnologías que han servido
de puente en otros países entre una situación y otra. Estas grandes diferencias hacen que
mientras en unas industrias se da una gran productividad y unos salarios más elevados, en las
otras actividades se sobrevive a un nivel prácticamente de subsistencia.
IX. Dependencia exterior: La situación anterior viene acompañada, en la mayoría de las
ocasiones, de una fuerte dependencia exterior. Esta supeditación es sobre todo económica.
Los países en vías de desarrollo pierden libertad en la medida en que sus decisiones están
subordinadas a aquellas que toman los más desarrollados. Esto se concreta en que gran parte
de su producción depende de las exportaciones. Están endeudados con los países ricos a los
que exportan, ya que han sido estos los que les han prestado los fondos cuando los han
necesitado. Gran parte de las empresas que están en el sector moderno de las economías de
los países menos avanzados están creadas con capitales exteriores, por lo que la propiedad no
es nacional. Las élites políticas y económicas del país suelen estar formadas en países
desarrollados. Por ello a la dependencia económica se suele unir la cultural, de manera que
los valores considerados como mejores no son los propios sino los importados de las
sociedades de las que se depende.
X. Mercados imperfectos y de información limitada: La estructura del mercado en estos
países es bastante deficiente. Los mercados de productos de subsistencia se basan en sistemas
arcaicos. Las estructuras existentes impiden que se puedan aprovechar las ventajas que el
libre mercado puede traer: incrementar la eficiencia en la producción, mejorar la calidad de
los productos, abaratar el precio de estos, mejorar su distribución... Existen gran número de
trabas legales, culturales e institucionales que impiden el florecimiento de un mercado más
perfecto. Los mercados financieros prácticamente no existen o están muy poco desarrollados,
de modo que se impide la existencia de un adecuado flujo de inversiones hacia actividades
que puedan traer un incremento de la renta per cápita. La intervención del sector público en
la economía es bastante importante, especialmente en los intercambios con el exterior.
XI. Desequilibrios monetarios: La política monetaria en estos países suele ser deficiente. La
práctica del señoreaje está bastante extendida. La financiación directa por parte del banco
central de los déficits del sector público provoca una fuerte inflación e inseguridad en los
mercados. Además los tipos de cambio de la moneda suelen ser fijados por el gobierno. En muchas ocasiones esto provoca la aparición de mercados negros de moneda. También se observa una pérdida de confianza en la divisa propia, lo que se traduce en una menor utilización de la misma en favor de otra moneda extranjera que es más segura.
XII. Dualismo: Gran parte de las características propias de los países en vías de desarrollo
pueden agruparse en lo que se ha venido a denominar el fenómeno del dualismo. El concepto
intenta describir la convivencia en el mismo país y en el mismo periodo de tiempo de dos
modelos económicos y sociales diferentes en todos los aspectos. Un modelo que algunos
definen como prenewtoniano (Houghton 1965), que se caracteriza por una organización
tradicional en la que la sociedad se adapta a la realidad en la que se encuentra en la que la
mayoría de las necesidades se cubren fuera del mercado (ya que gran parte de la población
tiene como principal actividad económica la autosubsistencia) y la cantidad de transacciones
monetarias es pequeña. El otro modelo es el moderno. El hombre transforma la naturaleza
para que esta se ponga a su servicio. Ya no intenta adaptarse a ella, sino que pretende
acomodarla a sus deseos. El mercado es el medio a través del cual se cubren la mayoría de las
necesidades. Las relaciones interpersonales se han monetizado en su gran mayoría. La
actividad económica tiene como principal objetivo la consecución de los recursos que le
permitan incrementar su libertad de elección en esta sociedad.
III. CAUSAS
Las teorías que argumentan porqué algunos países se mantienen con las características ya nombradas mientras otros han evolucionado hacia unos niveles superiores de desarrollo, no son convincentes en su totalidad. Como ya ha sido indicado en la
introducción, ninguna de ellas tiene una capacidad explicativa total, sino que cada una hace
hincapié en un aspecto distinto de un fenómeno complejo en el que son muchos los factores
que influyen. Esta multiplicidad de causas podríamos clasificarlas según quién está detrás de
cada una de ellas, es decir, según quienes son los agentes responsables últimos de una
situación de subdesarrollo. En primer lugar, nos encontramos con las propias naciones poco
desarrolladas. Sus comportamientos pueden provocar que su situación no evolucione en la
dirección deseada. Por ello hay que analizar qué clase de prácticas de sus gobiernos y la
sociedad civil impiden un desarrollo adecuado de las mismas. En segundo lugar tenemos
aquellos factores que son externos a los países menos desarrollados. Por un lado están
aquellos que provienen de la actuación de los países más ricos. Su pretensión es alcanzar su
propio crecimiento económico para lo que no dudan en hacer valer sus intereses y los de sus
propias empresas en los foros internacionales y en las relaciones bilaterales lo que tiene, con
frecuencia, consecuencias negativas sobre el desarrollo de los países más pobres. Por otro
lado tenemos las consecuencias negativas de la organización económica internacional sobre
estas naciones menos desarrolladas. Aunque las oportunidades que esta ofrece son
importantes, muchos países no tienen posibilidades de aprovecharlas con lo que quedan
relegados a una situación marginal. Tanto en este caso como en el anterior, la responsabilidad
de la situación de subdesarrollo es externa a los países afectados por ella. Existen muchas
relaciones entre uno y otro ya que son los países más ricos los que tienen mayor grado de
influencia en las instituciones internacionales que tienen, a su vez, capacidad para estructurar
la economía internacional.
¿Cuáles son entonces las verdaderas causas de una falta de desarrollo? ¿Causas
imputables a los países más pobres, a los países ricos o a la organización económica
internacional? No existe una respuesta única a esta pregunta. Cada situación es diferente y
aunque podemos encontrar líneas generales o características comunes en los procesos de
empobrecimiento de distintas áreas del mundo, no se debería simplificar reduciendo los
responsables a unos u otros, sino que habría que ver cada uno de ellos en su justa medida
para descubrir en cada caso cuáles son los que realmente han tenido más influencia en su
situación actual.
III.1.- La responsabilidad propia
Las políticas que aplican los gobiernos en sus propios territorios pueden empeorar su
situación e impedir que estos entren en la senda del desarrollo. Sus comportamientos
incorrectos o inadecuados es uno de los factores que influyen en que su población no
prospere como sería de desear. Varios son los elementos internos que repercuten de una
manera clara en el mantenimiento de una situación de retraso relativo. Sabemos, por la
experiencia acumulada, que para que las instituciones económicas funcionen de una manera
correcta y puedan ser generadoras de riqueza y de progreso se necesita que exista una serie de
seguridades que garantice el resultado esperado. En primer lugar se necesita una seguridad
jurídica que defienda el derecho a apropiarse de los beneficios que generan las actividades
mercantiles o productivas que lleve adelante cualquier persona o empresa. Difícilmente
montará alguien un negocio o prestará dinero a un banco o a otra persona si no tiene la
seguridad de que su contraparte va a cumplir las obligaciones que genera el contrato al que se
ha comprometico. El estado debe forzar a que las partes contratantes ejecuten las
obligaciones que han contraído ya no solo a través de una legislación que defienda los
derechos de ambos, sino a través de unos poderes públicos de justicia y de fuerza que
garanticen el cumplimiento de sus deberes mutuos.
En segundo lugar se necesita también una seguridad política y física que permita
afrontar inversiones rentables a medio o largo plazo. En países en los que los cambios
políticos son bruscos y extremos, en los que las leyes de unos gobernantes pueden no ser
respetadas por las de sus sucesores o en las que solamente se puede medrar a expensas de los
políticos que están en el poder en ese momento (con lo que un cambio impide al empresario
continuar disfrutando de sus favores y por tanto de las ganancias que obtenía hasta el
momento) es difícil que alguien se plantee una serie de inversiones cuyos beneficios no se
obtengan a corto plazo. Las mismas consecuencias tienen los problemas de inseguridad física
que generan el terrorismo, una situación inestable de ausencia de violencia generada por el
equilibrio de fuerzas armadas opuestas, los conflictos internos, la generalización de la
delincuencia y la impunidad de sus responsables, etc. En ninguna de estas situaciones podrá
encontrarse personas dispuestas a tomar decisiones a largo plazo que generen movimiento
económico o servicios sociales duraderos que beneficien a la población. Por otro lado, la
incapacidad que tienen muchos de estos países para afrontar los daños derivados de las
inclemencias climáticas y las desgracias naturales a las que están expuestos de una manera
periódica, provoca que sus consecuencias en el tiempo se alarguen más allá de lo que sería
deseable. Por ello, esta clase de desgracias generan también una incertidumbre hacia el futuro
que no colabora a crear el ambiente de seguridad necesario para afrontar inversiones a largo
plazo.
En tercer lugar aparece un problema ya esbozado en el anterior punto: el de la
corrupción política. Las mordidas, las influencias, los impedimentos burocráticos pueden
limitar las posibilidades de dedicarse a actividades productivas que traigan riqueza a un
lugar. Las razones son varias, en la medida que parte de mis futuros e hipotéticos beneficios
pueden estar hipotecados por el pago que tengo que realizar a los detentadores del poder, se
reduce el porcentaje de ganancias esperado y se expulsan determinadas actividades que
dejarán de ser lo suficientemente rentables. El hecho de que necesite de influencias para
poder dedicarme a determinadas actividades, provoca que aquellas personas que las realicen
no sean necesariamente ni las más eficientes ni las más eficaces, de modo que pueden desperdiciarse recursos ya que aquellos que podrían estar realizando estas labores se ven
alejados de ellas por otros con más influencia pero menos conocimientos. Además, si en un
determinado país la entrada en las élites gobernantes o en su ámbito de influencia es la fuente
de beneficios rápidos más segura que hay, mientras que el acceso a cualquier otra actividad
está subordinado a las autoridades y los beneficios que genera son mucho menores, las
personas más inteligentes y preparadas intentarán entrar en estos círculos o huirán del país en
busca de oportunidades en otras naciones en las que puedan medrar por su valía y no por sus
influencias. Si a esta falta de ética que demuestran algunos gobernantes, añadimos la falta de
preparación de la que adolecen gran parte de ellos, las consecuencias negativas para el país se
multiplican.
Por último, para que una nación pueda atraer inversiones internacionales que le
puedan ayudar a generar empleo y crecimiento económico, se precisa que el rendimiento
esperado del capital allí invertido sea superior al que los posibles inversores van a recibir en
otros países. Para ello es esencial que exista una estabilidad macroeconómica que les
garantice unos precios estables, un crecimiento sostenido, un ciclo económico poco acusado,
una reducción del impacto de las crisis económicas, unos tipos de cambio que no varíen
excesivamente, etc. Se debe dar, pues, una gestión económica que avale una cierta
estabilidad. Sin esta, es difícil que cualquier negocio pueda tener unas perspectivas de
ganancias mantenidas a medio o largo plazo.
III.2. La responsabilidad externa
III.2.a. De los países ricos
La principal teoría que afronta la idea de que son los países ricos los principales
culpables de la pobreza de los pobres es la que atribuye la responsabilidad del subdesarrollo a
la colonización que estas naciones sufrieron y al proceso de descolonización. Para aquellos
países que fueron descolonizados hace más de ciento cincuenta años en los que esta teoría no
podía aplicarse surgió otra que puede considerarse heredera de la ya nombrada: la teoría del
centro-periferia que surge alrededor de la CEPAL y de los países sur y centroamericanos y
que intenta justificar su situación desfavorecida a partir de la actitud de las naciones más
desarrolladas. Tanto la una como la otra argumentan que los países ricos han organizado la
economía de manera que esta gira en torno a un centro que produce los bienes y servicios que
tienen mayor valor añadido, mientras que la periferia (o los países colonizados) se dedica a
producir las materias primas y los productos agrícolas destinados al consumo del centro para
que este pueda mantener fácilmente su situación privilegiada. Este reparto de papeles
económicos a nivel mundial resulta en una situación altamente injusta ya que los productos
en los que se basan las economías más pobres suelen estar en mercados de competencia
perfecta que se caracterizan, entre otras cosas, porque el margen de beneficios se estrecha a
lo largo del tiempo y los productores tienen que vender una cantidad cada vez mayor para
poder mantener el nivel de ingresos. Mientras tanto, los bienes y servicios que salen de las
empresas de los países ricos no tienen ese problema y sus márgenes de beneficio se
incrementan con frecuencia o, al menos, se mantienen en los niveles precedentes.
Esta circunstancia lleva a un estado de interdependencia en el que los países más ricos
necesitan de los suministros de los pobres, mientras que estos últimos no pueden disfrutar de
independencia económica ya que su desarrollo económico solo puede llevarse adelante
gracias a la compra de los productos del centro. El intercambio desigual que genera esto
provoca déficits que muchas veces se convierten en crónicos. Esto obliga a los países de la
periferia a a endeudarse para poder mantener estos déficits exteriores y un nivel de inversión
adecuado que mantenga el crecimiento lo que les lleva, a su vez, a un estado de dependencia
financiera con respecto a los más ricos. Además, en una situación como la descrita, los
capitales van a tener siempre unos rendimientos mayores en los países del centro por lo que
la financiación internacional que se dirige a los países de la periferia es menor que la
necesaria.
A estos problemas hay que añadir que la capacidad que tienen los países ricos o del
centro para influir en las decisiones que toman las instituciones internacionales es muy
elevada. Ello hace que, muy a menudo, estas se decanten en defensa de los intereses de los
países del centro y en detrimento de los más pobres. Por otro lado, la ayuda que dan a los
países más pobres viene condicionada, con cierta frecuencia, al apoyo que el gobierno de
turno presta a los países que realizan la donación (veanse los casos recientes de Irak o
Pakistán) o a la adquisición de los bienes o servicios a empresas del país donante. Tanto en el
primer caso debido a que se prescinde de criterios económicos para conceder los préstamos
justificando estos solo por razonas políticas y estratégicas, como en el segundo en el que los
efectos multiplicadores de la inversión quedan en el país donante, se trata de prácticas que
merman considerablemente los posibles efectos positivos de la ayuda al desarrollo de las
naciones más pobres.
III.2.b. El entorno económico internacional
El último factor que influye en que los países menos desarrollados tengan problemas
para salir de su situación es el entorno económico internacional. El rumbo que está tomando
el proceso globalizador en el que nos hayamos inmersos presenta oportunidades
incuestionables, pero también puede actuar como freno para el desarrollo de algunas
naciones. Ya he nombrado en el anterior apartado cómo esto puede ser debido a que la
capacidad de decisión en las instituciones económicas internacionales que pilotan esta
evolución se concentra en manos de unos pocos países cuyos intereses pueden chocar con el
desarrollo de los más perjudicados. Ahora bien, con independencia de esta realidad, varios
son los aspectos del entorno en el que nos movemos que no ayudan al progreso de los países
más necesitados.
En primer lugar, el entorno internacional no colabora en la mejora de aquellos países
que han entrado en lo que se denomina el círculo de pobreza o de subdesarrollo. Los países
que están encerrados en ellos cuentan con una baja productividad de la producción. Esta tiene
como consecuencia directa la pobreza generalizada de la población que no tiene medios para
lograr unos ingresos adecuados, lo que redunda en una mala nutrición de los habitantes de
este país, en un escaso ahorro por la necesidad en la que se vive y en un bajo rendimiento de
las inversiones que no pueden tener un porcentaje elevado de beneficios debido a la baja
productividad. La principal consecuencia de esto es que no haya suficiente ahorro interno
como para promover inversiones que catapulten el crecimiento y que nadie esté interesado en
invertir en estos países. Un entorno internacional en el que los inversores están buscando
unas tasas de rendimiento elevadas y al plazo más corto posible, ni colabora ni tiene
posibilidades de romper este círculo de pobreza desde afuera.
En segundo lugar, el proceso globalizador está avanzando hacia una profundización
de la economía de mercado a escala mundial sin una intervención adecuada de organismos
públicos que compensen sus efectos negativos. Una de estas consecuencias no deseadas (tal y
como se explica en cualquier manual básico de economía) es el incremento de las
desigualdades entre los más pobres y los más ricos. En la medida que la globalización actual
está intentando lograr el objetivo de liberalizar el mercado mundial al máximo y que esto se
está haciendo sin que exista institución internacional alguna que compense este incremento
de las desigualdades a través de una política de redistribución, esperar que la globalización
14
actual por sí sola beneficie a los más pobres se convierte en una quimera que rompería de raíz
con la experiencia que hemos tenido hasta el momento.
Estas grandes diferencias entre los más ricos y los más pobres producen una presión
sobre estos últimos que no tuvieron los primeros en sus etapas germinales de desarrollo. La
premura por alcanzar a los mejor situados en un periodo breve de tiempo pesa como una losa
sobre las cabezas de los gobernantes que ven su gestión analizada según parámetros
cortoplacistas y comparativos con la situación de los países más desarrollados. Esto produce
que políticas o mejoras que podrían clasificarse como exitosas si las comparásemos con otros
momentos de la historia del desarrollo, aparecen como lentas y poco concluyentes en la
situación actual. También tiene como consecuencia no deseada que los estados tengan que
justificar constantemente ante su pueblo y ante la comunidad internacional que están
haciendo algo para salvar esa brecha, lo que les puede llevar, a su vez, a la aplicación de
políticas precipitadas y poco estudiadas que no colaboren en la consecución de los objetivos
buscados. El hecho de que todos los países que se encuentran en estas circunstancias reciban
la misma presión crea una competencia entre si que les puede llevar a intentar avanzar cada
uno por su cuenta sin que aprovechen, por esta causa, las ventajas que les podría aportar un
trabajo conjunto en pos de ese desarrollo. A esta presión hacia el progreso se une aquella que
intenta por todos los medios que se mimeticen las instituciones exitosas de las naciones más
ricas sin intentar adaptarlas a la idiosincrasia propia de la nación menos desarrollada. Al
tratarse de realidades que son totalmente distintas los resultados positivos en un determinado
lugar no tienen por qué reproducirse exactamente igual en otro y pueden resultar
contraproducentes.
A todo esto hay que añadir que la liberalización del comercio no está llevando la
riqueza que sería de esperar a los países más pobres. Esto se debe sobre todo a que este
proceso se está desarrollando de una manera asimétrica de modo que hay muy pocas
restricciones al movimiento de mercancías de aquellos productos que se fabrican en o por
empresas de los países ricos, mientras que encuentran muchas más trabas aquellos bienes que
venden con más facilidad las naciones menos desarrollados. Por otro lado, los mismos países
pobres han liberalizado su comercio con los ricos pero han reforzado los aranceles que
imponen a aquellos que tienen unas características más parecidas a las suyas. Algunos
autores opinan que estas restricciones repercuten más negativamente en el desarrollo de estos
países que la liberalización con respecto a los más ricos. En todo caso, tanto una medida
como la otra hacen que la participación porcentual en las exportaciones mundiales de los
países menos desarrollados no haga más que reducirse constantemente.
El tratado sobre derechos de propiedad internacional que ha sido aceptado en el marco de la organización Mundial de Comercio también tiene unas consecuencias negativas
para el desarrollo de los más pobres. La protección que se brinda a patentes, marcas y
diseños, impide la libre utilización del conocimiento por parte de aquellos que tienen más
necesidad de él. Esto les obliga a pagar derechos por el uso de una tecnología que podría
ayudarles a superar la situación en la que se encuentran. Además, como el porcentaje de
patentes que se hacen en países pobres es insignificante, los pagos de estos derechas van
habitualmente desde las naciones más pobres a las más ricas. Es una situación distinta a la
que vivieron la mayoría de los países ricos que crecieron en unas circunstancias en las que no
existían estas limitaciones a la libre divulgación del saber, lo que les permitió copiar medios
técnicos sin tener que pagar por ellos ninguna clase de derechos.
Por último hay que resaltar cómo un proceso globalizador que, para lograr profundizar en el mercado a nivel mundial, está realizando esfuerzos para liberalizar el comercio de mercancías y de servicios (a pesar de los problemas que ya se han señalado)y que está avanzando mucho en la liberalización de los movimientos de capital a nivel internacional (de modo que muchos países no ponen condiciones a la salida o entrada de dinero de o hacia su país), no hace lo mismo con el principal activo que tienen los países más pobres: el trabajo poco cualificado. Siguen existiendo muchas restricciones a nivel mundial para la libertad de movimiento de los trabajadores. No de las personas ricas o de aquellos que tienen una cualificación especial (que suelen poder moverse sin demasiadas restricciones de unos países a otros) sino de aquellas personas pobres o con una baja cualificación que encuentran barreras para poder salir de su lugar de residencia hacia otros lares en los que puedan incrementar sus ingresos. Se produce, pues, una clara discriminación hacia aquellos que cuentan con menos recursos económicos o de formación. A consecuencia de ella los países pobres no pueden aprovecharse de las ventajas que les podría reportar unos flujos
migratorios hacia otros lugares, en especial los incrementos de productividad en el interior de
sus fronteras y la recepción de transferencias provenientes de sus emigrantes que equilibrasen
su balanza de pagos. Solo queda recordar que, además de esto, se están reconociendo a nivel
global los derechos de los propietarios de la propiedad intelectual, de los capitales, de los
bienes y de los servicios, mientras los derechos de los trabajadores solamente se reconocen a
nivel nacional y los niveles de protección que se les brinda en unos lugares y otros difieren
mucho.
IV.- DESAFÍOS
El hecho de que muchos de los aspectos que han sido descritos como causas del
subdesarrollo se mantengan en la actualidad, apunta a que el principal desafío ante el que nos
encontramos en estos momentos no es otro que atacarlos directamente, más que intentar
evitar sus consecuencias. Esta es la solución más difícil y más trabajosa, pero es la que
mayores resultados tendría a largo plazo. Además, no debería realizarse de una manera
parcial ya que unos grandes esfuerzos en alguno de estos aspectos sin abordar los otros
podría resultar en un desperdicio de fuerzas que solamente llevase al desánimo. Intentar
mejorar el gobierno de un país sin que al mismo tiempo se limiten las presiones negativas que
este experimenta por parte de un entorno económico internacional hostil o viceversa, son
intentos vanos de acabar con una parte de las causas del estado actual de las cosas. Es
necesario abordar la cuestión desde una visión global que plantee intervenciones en todos los
campos teniendo en cuenta que cada país tiene una situación peculiar en la que pueden influir
más unos factores que otros.
Tenemos, por un lado, el gran desafío de mejorar la gobernanza y las instituciones de
estos países para posibilitar su desarrollo (Banco Mundial, 2002). Este bloque incluye acabar
con la corrupción y lograr que los puestos públicos dejen de ser la manera más rápida y
eficaz para enriquecerse que se da en un país, que mejore su gestión macroeconómica para
garantizar unos datos económicos atractivos, garantizar todas las seguridades físicas,
políticas y sociales a las que ya se ha hecho mención y establecer las bases jurídicas que
permitan la iniciativa empresarial y la seguridad en los negocios. Todos estos puntos deben
ser abordados para mejorar la gestión interna de los países y que estos puedan tener unas
ciertas garantías para desarrollarse. De nada servirían los esfuerzos encaminados a mejorar el
entorno internacional en el que se mueve una nación o la actitud de los países más ricos hacia
ella si la gestión interna de sus recursos no se hace de una manera eficiente y acertada.
Al mismo tiempo se debe dar un cambio en el entorno económico en el que se
mueven estos países. Tanto las naciones más ricas como la organización económica
internacional deberían respaldar y soportar el camino hacia el desarrollo por el que tienen que
transitar las naciones más pobres. En cuanto a los países más ricos, una continuidad en sus
objetivos económicos y en su modo de concebir la estructura económica internacional haría
que todos sus posicionamientos públicos mostrando su pretensión de luchar contra la pobreza
y las desigualdades mundiales quedasen en una mera declaración de intenciones (LLUCH
FRECHINA, 2005 y 2006)
Para que se vaya más allá es necesario un cambio profundo de objetivos económicos que pase del crecimiento al bienestar y de una perspectiva conglomerativa (en la que los indicadores de referencia son las medias de la población) a una perspectiva de la privación (en la que los indicadores de referencia son los datos de los más desfavorecidos y pobres) (PNUD, 1997) lo que les llevaría a un replanteamiento del modelo de ayuda que practican estas naciones y a que su presión en las instituciones internacionales dejara de ser solo para defender sus intereses económicos, sociales o políticos. Este sería el camino más efectivo para que las intenciones se hiciesen realidad y lograr un apoyo real y firme al desarrollo de las naciones más pobres.
Un cambio parecido debería utilizarse para reorientar el proceso globalizador. La benignidad del mismo no debería analizarse exclusivamente desde una perspectiva de crecimiento de la renta per cápita, ya que esto deja atrás a una gran parte de la población.
Para ello sería necesario, no solo una generalización del enfoque de la privación para fijar los
objetivos económicos globales (lo que exigiría plantearse la necesaria reducción de las
desigualdades) sino reforzar el funcionamiento de instituciones internacionales que tuviesen
poder para colaborar en la consecución de los fines pretendidos.
Las condiciones últimas que deberían darse para lograr afrontar de una manera
simultánea los retos que plantea la situación subdesarrollo de una parte importante de la
población mundial (que han sido resumidos en los párrafos anteriores) giran en torno a dos
ejes imprescindibles. El primero sería la excelencia técnica. Los avances de la economía y de
otras ciencias sociales nos permiten, a estas alturas de la historia, tener una idea bastante
clara de los resultados de las diferentes políticas aplicables sobre la estabilidad, el
crecimiento, el desarrollo, las desigualdades, la pobreza, el bienestar, etc. Si bien es ingenuo
pensar que podemos solucionarlo todo, también sería poco realista afirmar que no se puede
hacer nada. La experiencia acumulada por muchas sociedades permite conocer los resultados
positivos o negativos de determinadas medidas. Si bien seguir de una manera mimética lo
realizado por otro puede no llevar a los mismos resultados que este obtuvo, tampoco se puede
desdeñar de raíz la experiencia previa de los países más desarrollados. La aplicación de sus
enseñanzas (adaptadas a cada circnustancia) puede resultar muy útil para aquellos países que
desean prosperar. En este sentido, intentar trasladar a otro país las experiencias que no han
sido fructíferas en el propio o que no han obtenido resultados positivos en él, puede
considerarse una aventura arriesgada o un engaño. Lograr que los países (ya sean ricos o
pobres) y las instituciones internacionales sean gestionados por personas que tengan una
excelencia técnica que les permita aplicar los conocimientos adquiridos, es una condición
necesaria para lograr avanzar en el progreso de los más pobres.
Sin embargo, esta condición no es suficiente para lograr el objetivo deseado. Una
excelencia técnica puesta al servicio de un fin equivocado puede llevar al traste las
esperanzas de muchas personas. Para complementar este punto es necesario que se de un
profundo cambio de mentalidad en la población que se traduzca en el comportamiento de
políticos y gestores. Mientras se siga legitimando la búsqueda del interés propio (sobre todo a
corto plazo) en el érroneo convencimiento de que esto llevará a la mejora de todos, la
excelencia técnica resultará claramente insuficiente. Este cambio de mentalidad debería
incidir en la consecución del bien común de las sociedades, concretando este, no tanto en la
mejora de los niveles medios de la población sino en el progreso de los que peor están. Esto
ayudaría a que las personas, empresas o naciones no pretendiesen constantemente tener más,
sino que cejasen en sus intentos de acaparar mas bienes en en el momento llegasen a niveles
económicos y de bienestar adecuados, esforzándose entonces por mantener lo alcanzado y
facilitando la mejora de aquellos que todavía no tuviesen la misma suerte.
Este cambio de mentalidad puede provenir o bien de una conciencia ética que confronte a las personas ante la realidad de miseria de los que peor están, o a través de un convencimiento egoísta que permita entrever cómo la mejora de los más pobres redunda de
na manera directa en el incremento individual o grupal del bienestar. Es evidente que pensar
en la generalización de esta manera de pensar puede resultar quimérica, pero se puede lograr
que una parte elevada de la población quede convencida de esto. En la medida que esto
sucediese, parte de los gobernantes y responsables podrían asumir (aunque solamente fuese
por puro cálculo electoral) las ideas de este sector de la población, lo que repercutiría
finalmente en un enfoque diferente de la gestión pública. Solo la conjunción de estos dos
elementos, excelencia técnica y cambio de mentalidad, podrán conseguir una acción
coordinada que aborde de raíz las causas del subdesarrollo para luchar de una manera más
eficaz contra él. Sin la segunda, se seguirá utilizando la excelencia técnica para lograr los
objetivos particulares y no los de los que peor están.
BIBLIOGRAFÍA
BHALLA, SURJIT (2002): Imagine There’s No Country. Poverty, Inequality and Growth in
the Era of Globalization, 1ª Edición, Washington, Institute for International Economics.
BANCO MUNDIAL (1990): Informe sobre el desarrollo mundial 1990. La pobreza, 1ª
edición, Washington, Oxford University Press
(1999): Informe sobre el desarrollo mundial 1998/1999. Al conocimiento al servicio
del desarrollo, 1ª edición, Washington, Banco Mundial.
(2001): Informe sobre el desarrollo mundial 2000/2001. Lucha contra la pobreza, 1ª
edición, Washington, Banco Mundial.
(2002): Informe sobre el desarrollo mundial 2002, Instituciones para los mercados,
1ª Edición, Madrid, Mundi-Prensa Libros.
BONI ARISTIZÁBAL, A; FERRERO DE LOMA-OSORIO, G. (1997): Introducción a la
cooperación para el desarrollo, 1ª Edición, Valencia, Servicio de publicaciones de la
Universidad Politécnica de Valencia
DUBOIS, ALFONSO (2001): "Las estrategias globales frente a la desigualdad de los
organismos internacionales: un análisis crítico", en Capitalismo, desigualdades y
degradación ambiental, cap: III, pág. 75-112, Barcelona, Icaria editorial.
ELKAN, W. (1995) An Introduction to Development Economics 2nd edition, London,
Prentice Hall/Harvester Wheatsheaf.
FMI (1998): “Should Equity Be a Goal of Economic Policy?, Finance & Development,
September 1998, Volume 35, Number 3,
http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/1998/09/imfstaf1.htm
(2000): La globalización ¿Amenaza u oportunidad?, Estudios temáticos 00/01, Abril
2000, http://www.imf.org/external/np/exr/ib/2000/esl/041200s.htm
HOUGHTON, D.H. (1965) The South African Economy 2nd edition, Cape Town, Oxford
University Press.
KRUGMAN, P.R.; OBSTFELD, M. (1995) Economía Internacional. Teoría y política. 3ª
edición, Madrid, McGraw-Hill.
LACOSTE, Y. (1976) Geografía del Subdesarrollo 6ª edición, Barcelona, Ariel Geografía.
LLUCH FRECHINA, ENRIQUE (2005) "La debilidad de las estrategias en la lucha contra la
pobreza mundial" en Ciudadanía, Pág: 211 - 235, Cáritas Española Editores, Madrid
(2006) "Las diferencias económicas en una época de globalización", Verdad y Vida,
revista franciscana de pensamiento, Año LXIV, Núm. 245-246, Pág: 35 - 103, Franciscanos
españoles (O.F.M.), Madrid.
MEIER, G.M. (1995): Leading issues in economic development, 6th edition, New York,
Oxford University Press.
PNUD (1996): Informe sobre desarrollo humano 1996, 1ª edición, Madrid, Mundi-Prensa
Libros.
(1997): Informe sobre desarrollo humano 1997, 1ª edición, Madrid, Mundi-Prensa
Libros.
SAMPEDRO, J.L. (1972) Conciencia del Subdesarrollo 1ª edición, Madrid, Santillana S.A.
Taurus.
TODARO, M.P. (1997): Economic Development, 6th edition, Essex, Addison Wesley
Longman Limited.
VINER, J. (1954): "The Economics of Development" The Economics of underdevelopment,
1st Edition,1958, Pág: 9-31, New York, Oxford University Press
ZETTELMEYER, JERONIM (2003): “Bhalla contra el Banco Mundial: Una perspectiva
externa”, Finanzas & Desarrollo, Vol 40, Nº 2, Junio 2003, Pág: 50-53, Fondo Monetario
Internacional.
Centro para la Investigación y Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia
CAUSAS Y DESAFÍOS DEL DESARROLLO
Enrique Lluch Frechina.
Universidad CEU Cardenal Herrera
0. INTRODUCCIÓN
El objetivo de este artículo es hacer un repaso por las distintas ideas existentes acerca
de las causas del subdesarrollo para derivar, a partir de ellas, cuáles son los desafíos actuales
ante los que nos encontramos a la hora de afrontar las grandes desigualdades entre naciones
que existen en este momento. Para ello no se va a realizar un análisis sistemático de las
distintas teorías situándolas en su contexto teórico, histórico o ideológico, sino que se van a
tomar sus desarrollos principales para exponerlos organizados según el agente sobre el que
recae la responsabilidad de la situación de pobreza o de retraso comparativo. La idea que
subyace a esta disposición es que no existe una teoría que explique globalmente las causas de
todas las situaciones de desventaja ante las que nos encontramos en la actualidad. Ya que
todas ellas ofrecen una explicación parcial que no agota todas las posibilidades. Es por ello
que no es posible rechazar sus conclusiones por que no expliquen la totalidad ni aceptarlas de
una manera excluyente repudiando el resto como incorrectas. En este texto se acepta la
validez parcial de la mayoría de ellas para, a partir de sus conclusiones, detectar cuáles son
los puntos claves que nos permitirán, mejorar la situación actual incidiendo sobre su origen y
no sobre sus repercusiones visibles.
I. DESARROLLO
El primer paso que debemos dar es delimitar el significado de desarrollo. En la
vigésimo primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia
Española, define desarrollar como: "Progresar, crecer económica, social, cultural o
políticamente las sociedades humanas" (Real Academia Española, 1992: 694). Al establecer
la relación de calificativos utiliza una conjunción disyuntiva y no una copulativa, lo que da a
entender que siempre que hablamos de desarrollo tenemos que ponerle un adjetivo o que,
para saber a cual de los cuatro aspectos se está refiriendo el desarrollo, se debe observar el
contexto en el que aparezca la palabra. Sin embargo, esta definición puede pecar de imprecisa
y debería ser matizada. Las cuatro realidades a las que hace mención están siempre en continuo movimiento, nunca se mantienen inalteradas, solo podremos saber si progresan o crecen si nos fijamos un objetivo al que queramos llegar. No nos es posible afirmar que una
sociedad está progresando o creciendo políticamente si no tenemos una concepción previa de
dónde queremos llegar o de cual es el buen modelo de organización política. Tal vez esto sea
más sencillo de cuantificar en economía, aunque tampoco aquí nos escapamos de realizar un
juicio sobre qué es lo más deseable. No se puede saber si el progreso se está realizando si no
definimos previamente la situación a la que queremos llegar. Sin este punto de referencia u
objetivo final, no se puede hablar de desarrollo. Esto es una cuestión clave a la hora de pensar
sobre países subdesarrollados, en vías de desarrollo o menos desarrollados. Cuando
calificamos así a un estado, en el fondo tenemos uno o varios modelos de país que nos sirven
de referencia. Hablaremos de cualquiera de estos tres términos cuando la lejanía con el
modelo ideal que está en nuestra cabeza sea elevada.
Michael P. Todaro define como desarrollo "El proceso de mejora de la calidad de
todas las vidas humanas. Los tres aspectos importantes del desarrollo son el incremento de
los niveles de vida de la gente, sus niveles de renta, su consumo de comida, servicios
médicos, educación... a través de un proceso relevante de crecimiento económico; la creación
de las condiciones que lleven a un crecimiento de la autoestima de la gente a través del
establecimiento de instituciones y sistemas económicos, sociales y políticos que promocionen
la dignidad humana y el respeto; un incremento de la libertad de las personas agrandando sus
posibilidades de elección y aumentando las posibilidades de consumo de bienes y de
servicios" (Todaro, 1997: 685). Esta definición delimita un poco más el significado último
del desarrollo. Por un lado se centra en la cuestión económica cuando habla del crecimiento
económico y del aumento de las posibilidades de consumo, pero no se limita a este aspecto.
De hecho, las fuentes de una mayor autoestima y/o de un incremento de las posibilidades de
elección social no tienen por que estar directamente relacionadas con la renta per cápita. A
pesar de esto, los valores dominantes en nuestra sociedad pueden reducir estas dos premisas
del desarrollo a una cuestión exclusivamente económica. ¿Qué mejor manera de verse
reconocido y de mejorar la autoestima que a través de un incremento de los ingresos? Si la
única elección racional es la que persigue objetivos económicos, ¿Qué mejor manera de
incrementar nuestras posibilidades de elección que a través de unos mayores ingresos? Por
ello algunos pueden pensar que el único medio para alcanzar estos fines de desarrollo sería el
crecimiento económico.
El PNUD describe el desarrollo humano como "el proceso de ampliación de las
opciones de la gente" (PNUD 1996, 55). Estas opciones no solamente incluyen la mejora del
ingreso, sino que da un valor importante a otros aspecto como son “una nutrición adecuada,
acceso a agua potable, mejores servicios médicos, más y mejor enseñanza para sus niños,
transporte de bajo costo, vivienda adecuada, seguridad de tener medios de vida y empleos
productivos y satisfactorios... Libertad de movimiento y expresión, ausencia de opresión,
violencia o explotación... Cohesión social, afirmar sus tradiciones y cultura propia...”. En
esencia, esto se conseguiría intentando alcanzar los siguientes objetivos:
I. La potenciación de las personas: la ampliación de sus opciones y por tanto de su libertad
así como su mayor intervención en la toma de las decisiones públicas ya sea directa o
indirectamente.
II. La cooperación: el incremento del sentido de pertenencia a una determinada sociedad,
una mayor identificación con las raíces culturales de una comunidad hace que se incremente
el bienestar del ser humano
III. El incremento de la equidad: entendida esta como igualdad de oportunidades de acceso a
servicios como pueden ser la educación, la salud... Esto puede implicar una desigualdad en la
distribución de los recursos, de modo que reciban más aquellos que peores condiciones de
partida tienen.
IV. La sustentabilidad: es decir que la satisfacción actual de necesidades no actúe en perjuicio
de la que puedan hacer las generaciones venideras.
V. La seguridad: la protección frente a la violencia, el desempleo o la delincuencia.
Esta última definición aclara mucho más qué se puede considerar como un proceso de
desarrollo socioeconómico y delimita claramente cuál es el objetivo hacia el que debe
moverse este.
II. CARACTERÍSTICAS DE LOS PAÍSES EN VÍAS DE DESARROLLO
Diversos autores caracterizan a los países en vías de desarrollo de distinta manera.
Describen cuales son las peculiaridades propias de aquellas naciones que consideran que no
han alcanzado un nivel de desarrollo adecuado y esto les permite reconocer el nivel de
desarrollo de un país atendiendo a si cumple o no estas singularidades. En este capítulo se
van a mostrar la mayoría de estas características. No se sigue las opiniones de ningún experto en concreto, sino que se presentan juntas y sin jerarquización alguna, aquellas que aparecen
más a menudo en la literatura existente al respecto. Esta opción hace que algunos países
considerados como desarrollados no cumplan todas ellas y viceversa. A pesar de esto, la
relación exhaustiva de las mismas ayuda a tener una idea general sobre cual es el modelo de
sociedad desarrollada que es más comúnmente aceptado.
I. Baja renta per cápita: La primera característica, en la que todos los autores coinciden,
es la baja renta per cápita con la que cuentan estos países. Para algunas instituciones y
muchos teóricos es el único criterio válido para diferenciar entre países menos y más
desarrollados por su facilidad de contabilización. Sin embargo, como ya se ha visto en las
definiciones de desarrollo dadas anteriormente, este parámetro por sí solo no es suficiente
para determinar el grado de retraso de una nación.
II. Baja productividad: Una baja productividad o dicho de otra manera, una utilización
ineficiente de los recursos existentes, es también, según algunos autores, una de las
peculiaridades de este grupo de países. La cantidad de producción por hombre empleado y
por unidad de tiempo es mucho más alta en aquellos países que se consideran desarrollados.
La causa de esta baja productividad es, en muchas ocasiones, lo que otros expertos
consideran como otra peculiaridad de esos países, su reducida tasa de acumulación de capital.
El incremento del capital invertido mejora la productividad de los trabajadores en la medida
que les permite producir más en el mismo tiempo. El problema que se plantean estos países
es quién puede financiar la adquisición de ese capital físico necesario para poder hacer frente
a una modernización de sus estructuras económicas. Las bajas tasas de ahorro, que parecen
ser comunes a las zonas en vías de desarrollo, impiden contar con los fondos necesarios para
incrementar la inversión.
III. Altas tasas de crecimiento vegetativo: En estos países se sigue dando un fenómeno
común a las economías tradicionales. En ellas una prole numerosa garantizaba un nivel de
vida en la vejez y era un seguro ante los riesgos reales de perder una parte de ella por motivos
de salud. Al mismo tiempo, en la mayoría de estas naciones se ha reducido la tasa de
mortalidad. La principal consecuencia de la conjunción de los dos hechos ha sido que la
población de estas regiones crezca más rápidamente en nuestros días que en cualquier otra
época histórica. El incremento del número de habitantes trae un problema añadido: es
necesario que el producto real de un país crezca a una velocidad superior a la de la población
para que la renta per cápita se incremente. De este modo, el aumento de la producción total
de la nación debe ser superior al que se da en cualquier economía más desarrollada, que tiene
un crecimiento vegetativo menor.
IV. Altas tasas de desempleo y subempleo: En el subempleo incluimos a aquellas personas
que trabajan menos tiempo del que se considera normal en una economía moderna. La
economía mantiene unos recursos ociosos que traen como consecuencia que esa sociedad no
se aproxime a su producción potencial. El problema no es debido a una circunstancia
coyuntural que puede acabarse cuando entremos en una fase alta del ciclo económico, sino
que se trata de una situación estructural, de la que solamente se puede salir en el caso de que
se den verdaderas transformaciones en la estructura productiva. Conjuntamente a esto, se
puede observar que la proporción de trabajo por cuenta ajena que se da en estas sociedades es
mucho menor que el de las naciones más avanzadas. Es decir, poca parte de la población
gana su sustenta a través de los salarios.
V. Fuertes desigualdades sociales y de renta: Las diferencias en la distribución interna de
la renta son muy acusadas, de manera que una mínima parte de sus habitantes goza de la
mayor parte de la renta que se produce en esa economía, mientras que la mayoría tiene que
vivir con una renta per cápita muy reducida. Si en uno de estos países eliminásemos del total
de la población el veinte por cien más rico, la renta media caería casi a la mitad.
VI. Dependencia de los sectores primarios: La mayoría de la población está empleada en
estas actividades o vive en zonas rurales. La producción agrícola constituye una gran parte
del producto interior bruto del país. La estructura de las exportaciones está esencialmente
compuesta por esta producción y por otros productos primarios como son los mineros o los
recursos naturales de modo que las industrias de transformación son mínimas en estos países.
La elaboración de productos a partir de las materias primas de estas regiones, se realiza
normalmente en los países más desarrollados.
VII. Baja cualificación de los trabajadores: Las tasas de analfabetismo son bastante altas.
Existe una gran cantidad de mano de obra no cualificada, pero unas grandes deficiencias de
personal especializado. El sector de la educación tiene grandes deficiencias, de modo que una
numerosa oferta de trabajo no está preparada para las nuevas tecnologías y su calidad es muy
baja. Es éste otro motivo por el que la productividad de los trabajadores no es muy elevada.
Los bajos niveles de formación hacen que, a pesar de la cantidad de desempleo existente, se
pueda considerar que el capital humano con que cuentan estos países es bastante reducido.
VIII. Fuertes desequilibrios en la estructura productiva y tecnológica: Conviven en el
mismo país industrias con una organización y con una tecnología puntera, con otras que siguen utilizando técnicas arcaicas de producción. El término medio es bastante reducido. La
incorporación tardía de estas economías al carro del progreso provoca estas fuertes
desigualdades entre unas empresas y otras. La integración se hace de una manera directa. El
periodo de adaptación prácticamente no existe. No conocen las tecnologías que han servido
de puente en otros países entre una situación y otra. Estas grandes diferencias hacen que
mientras en unas industrias se da una gran productividad y unos salarios más elevados, en las
otras actividades se sobrevive a un nivel prácticamente de subsistencia.
IX. Dependencia exterior: La situación anterior viene acompañada, en la mayoría de las
ocasiones, de una fuerte dependencia exterior. Esta supeditación es sobre todo económica.
Los países en vías de desarrollo pierden libertad en la medida en que sus decisiones están
subordinadas a aquellas que toman los más desarrollados. Esto se concreta en que gran parte
de su producción depende de las exportaciones. Están endeudados con los países ricos a los
que exportan, ya que han sido estos los que les han prestado los fondos cuando los han
necesitado. Gran parte de las empresas que están en el sector moderno de las economías de
los países menos avanzados están creadas con capitales exteriores, por lo que la propiedad no
es nacional. Las élites políticas y económicas del país suelen estar formadas en países
desarrollados. Por ello a la dependencia económica se suele unir la cultural, de manera que
los valores considerados como mejores no son los propios sino los importados de las
sociedades de las que se depende.
X. Mercados imperfectos y de información limitada: La estructura del mercado en estos
países es bastante deficiente. Los mercados de productos de subsistencia se basan en sistemas
arcaicos. Las estructuras existentes impiden que se puedan aprovechar las ventajas que el
libre mercado puede traer: incrementar la eficiencia en la producción, mejorar la calidad de
los productos, abaratar el precio de estos, mejorar su distribución... Existen gran número de
trabas legales, culturales e institucionales que impiden el florecimiento de un mercado más
perfecto. Los mercados financieros prácticamente no existen o están muy poco desarrollados,
de modo que se impide la existencia de un adecuado flujo de inversiones hacia actividades
que puedan traer un incremento de la renta per cápita. La intervención del sector público en
la economía es bastante importante, especialmente en los intercambios con el exterior.
XI. Desequilibrios monetarios: La política monetaria en estos países suele ser deficiente. La
práctica del señoreaje está bastante extendida. La financiación directa por parte del banco
central de los déficits del sector público provoca una fuerte inflación e inseguridad en los
mercados. Además los tipos de cambio de la moneda suelen ser fijados por el gobierno. En muchas ocasiones esto provoca la aparición de mercados negros de moneda. También se observa una pérdida de confianza en la divisa propia, lo que se traduce en una menor utilización de la misma en favor de otra moneda extranjera que es más segura.
XII. Dualismo: Gran parte de las características propias de los países en vías de desarrollo
pueden agruparse en lo que se ha venido a denominar el fenómeno del dualismo. El concepto
intenta describir la convivencia en el mismo país y en el mismo periodo de tiempo de dos
modelos económicos y sociales diferentes en todos los aspectos. Un modelo que algunos
definen como prenewtoniano (Houghton 1965), que se caracteriza por una organización
tradicional en la que la sociedad se adapta a la realidad en la que se encuentra en la que la
mayoría de las necesidades se cubren fuera del mercado (ya que gran parte de la población
tiene como principal actividad económica la autosubsistencia) y la cantidad de transacciones
monetarias es pequeña. El otro modelo es el moderno. El hombre transforma la naturaleza
para que esta se ponga a su servicio. Ya no intenta adaptarse a ella, sino que pretende
acomodarla a sus deseos. El mercado es el medio a través del cual se cubren la mayoría de las
necesidades. Las relaciones interpersonales se han monetizado en su gran mayoría. La
actividad económica tiene como principal objetivo la consecución de los recursos que le
permitan incrementar su libertad de elección en esta sociedad.
III. CAUSAS
Las teorías que argumentan porqué algunos países se mantienen con las características ya nombradas mientras otros han evolucionado hacia unos niveles superiores de desarrollo, no son convincentes en su totalidad. Como ya ha sido indicado en la
introducción, ninguna de ellas tiene una capacidad explicativa total, sino que cada una hace
hincapié en un aspecto distinto de un fenómeno complejo en el que son muchos los factores
que influyen. Esta multiplicidad de causas podríamos clasificarlas según quién está detrás de
cada una de ellas, es decir, según quienes son los agentes responsables últimos de una
situación de subdesarrollo. En primer lugar, nos encontramos con las propias naciones poco
desarrolladas. Sus comportamientos pueden provocar que su situación no evolucione en la
dirección deseada. Por ello hay que analizar qué clase de prácticas de sus gobiernos y la
sociedad civil impiden un desarrollo adecuado de las mismas. En segundo lugar tenemos
aquellos factores que son externos a los países menos desarrollados. Por un lado están
aquellos que provienen de la actuación de los países más ricos. Su pretensión es alcanzar su
propio crecimiento económico para lo que no dudan en hacer valer sus intereses y los de sus
propias empresas en los foros internacionales y en las relaciones bilaterales lo que tiene, con
frecuencia, consecuencias negativas sobre el desarrollo de los países más pobres. Por otro
lado tenemos las consecuencias negativas de la organización económica internacional sobre
estas naciones menos desarrolladas. Aunque las oportunidades que esta ofrece son
importantes, muchos países no tienen posibilidades de aprovecharlas con lo que quedan
relegados a una situación marginal. Tanto en este caso como en el anterior, la responsabilidad
de la situación de subdesarrollo es externa a los países afectados por ella. Existen muchas
relaciones entre uno y otro ya que son los países más ricos los que tienen mayor grado de
influencia en las instituciones internacionales que tienen, a su vez, capacidad para estructurar
la economía internacional.
¿Cuáles son entonces las verdaderas causas de una falta de desarrollo? ¿Causas
imputables a los países más pobres, a los países ricos o a la organización económica
internacional? No existe una respuesta única a esta pregunta. Cada situación es diferente y
aunque podemos encontrar líneas generales o características comunes en los procesos de
empobrecimiento de distintas áreas del mundo, no se debería simplificar reduciendo los
responsables a unos u otros, sino que habría que ver cada uno de ellos en su justa medida
para descubrir en cada caso cuáles son los que realmente han tenido más influencia en su
situación actual.
III.1.- La responsabilidad propia
Las políticas que aplican los gobiernos en sus propios territorios pueden empeorar su
situación e impedir que estos entren en la senda del desarrollo. Sus comportamientos
incorrectos o inadecuados es uno de los factores que influyen en que su población no
prospere como sería de desear. Varios son los elementos internos que repercuten de una
manera clara en el mantenimiento de una situación de retraso relativo. Sabemos, por la
experiencia acumulada, que para que las instituciones económicas funcionen de una manera
correcta y puedan ser generadoras de riqueza y de progreso se necesita que exista una serie de
seguridades que garantice el resultado esperado. En primer lugar se necesita una seguridad
jurídica que defienda el derecho a apropiarse de los beneficios que generan las actividades
mercantiles o productivas que lleve adelante cualquier persona o empresa. Difícilmente
montará alguien un negocio o prestará dinero a un banco o a otra persona si no tiene la
seguridad de que su contraparte va a cumplir las obligaciones que genera el contrato al que se
ha comprometico. El estado debe forzar a que las partes contratantes ejecuten las
obligaciones que han contraído ya no solo a través de una legislación que defienda los
derechos de ambos, sino a través de unos poderes públicos de justicia y de fuerza que
garanticen el cumplimiento de sus deberes mutuos.
En segundo lugar se necesita también una seguridad política y física que permita
afrontar inversiones rentables a medio o largo plazo. En países en los que los cambios
políticos son bruscos y extremos, en los que las leyes de unos gobernantes pueden no ser
respetadas por las de sus sucesores o en las que solamente se puede medrar a expensas de los
políticos que están en el poder en ese momento (con lo que un cambio impide al empresario
continuar disfrutando de sus favores y por tanto de las ganancias que obtenía hasta el
momento) es difícil que alguien se plantee una serie de inversiones cuyos beneficios no se
obtengan a corto plazo. Las mismas consecuencias tienen los problemas de inseguridad física
que generan el terrorismo, una situación inestable de ausencia de violencia generada por el
equilibrio de fuerzas armadas opuestas, los conflictos internos, la generalización de la
delincuencia y la impunidad de sus responsables, etc. En ninguna de estas situaciones podrá
encontrarse personas dispuestas a tomar decisiones a largo plazo que generen movimiento
económico o servicios sociales duraderos que beneficien a la población. Por otro lado, la
incapacidad que tienen muchos de estos países para afrontar los daños derivados de las
inclemencias climáticas y las desgracias naturales a las que están expuestos de una manera
periódica, provoca que sus consecuencias en el tiempo se alarguen más allá de lo que sería
deseable. Por ello, esta clase de desgracias generan también una incertidumbre hacia el futuro
que no colabora a crear el ambiente de seguridad necesario para afrontar inversiones a largo
plazo.
En tercer lugar aparece un problema ya esbozado en el anterior punto: el de la
corrupción política. Las mordidas, las influencias, los impedimentos burocráticos pueden
limitar las posibilidades de dedicarse a actividades productivas que traigan riqueza a un
lugar. Las razones son varias, en la medida que parte de mis futuros e hipotéticos beneficios
pueden estar hipotecados por el pago que tengo que realizar a los detentadores del poder, se
reduce el porcentaje de ganancias esperado y se expulsan determinadas actividades que
dejarán de ser lo suficientemente rentables. El hecho de que necesite de influencias para
poder dedicarme a determinadas actividades, provoca que aquellas personas que las realicen
no sean necesariamente ni las más eficientes ni las más eficaces, de modo que pueden desperdiciarse recursos ya que aquellos que podrían estar realizando estas labores se ven
alejados de ellas por otros con más influencia pero menos conocimientos. Además, si en un
determinado país la entrada en las élites gobernantes o en su ámbito de influencia es la fuente
de beneficios rápidos más segura que hay, mientras que el acceso a cualquier otra actividad
está subordinado a las autoridades y los beneficios que genera son mucho menores, las
personas más inteligentes y preparadas intentarán entrar en estos círculos o huirán del país en
busca de oportunidades en otras naciones en las que puedan medrar por su valía y no por sus
influencias. Si a esta falta de ética que demuestran algunos gobernantes, añadimos la falta de
preparación de la que adolecen gran parte de ellos, las consecuencias negativas para el país se
multiplican.
Por último, para que una nación pueda atraer inversiones internacionales que le
puedan ayudar a generar empleo y crecimiento económico, se precisa que el rendimiento
esperado del capital allí invertido sea superior al que los posibles inversores van a recibir en
otros países. Para ello es esencial que exista una estabilidad macroeconómica que les
garantice unos precios estables, un crecimiento sostenido, un ciclo económico poco acusado,
una reducción del impacto de las crisis económicas, unos tipos de cambio que no varíen
excesivamente, etc. Se debe dar, pues, una gestión económica que avale una cierta
estabilidad. Sin esta, es difícil que cualquier negocio pueda tener unas perspectivas de
ganancias mantenidas a medio o largo plazo.
III.2. La responsabilidad externa
III.2.a. De los países ricos
La principal teoría que afronta la idea de que son los países ricos los principales
culpables de la pobreza de los pobres es la que atribuye la responsabilidad del subdesarrollo a
la colonización que estas naciones sufrieron y al proceso de descolonización. Para aquellos
países que fueron descolonizados hace más de ciento cincuenta años en los que esta teoría no
podía aplicarse surgió otra que puede considerarse heredera de la ya nombrada: la teoría del
centro-periferia que surge alrededor de la CEPAL y de los países sur y centroamericanos y
que intenta justificar su situación desfavorecida a partir de la actitud de las naciones más
desarrolladas. Tanto la una como la otra argumentan que los países ricos han organizado la
economía de manera que esta gira en torno a un centro que produce los bienes y servicios que
tienen mayor valor añadido, mientras que la periferia (o los países colonizados) se dedica a
producir las materias primas y los productos agrícolas destinados al consumo del centro para
que este pueda mantener fácilmente su situación privilegiada. Este reparto de papeles
económicos a nivel mundial resulta en una situación altamente injusta ya que los productos
en los que se basan las economías más pobres suelen estar en mercados de competencia
perfecta que se caracterizan, entre otras cosas, porque el margen de beneficios se estrecha a
lo largo del tiempo y los productores tienen que vender una cantidad cada vez mayor para
poder mantener el nivel de ingresos. Mientras tanto, los bienes y servicios que salen de las
empresas de los países ricos no tienen ese problema y sus márgenes de beneficio se
incrementan con frecuencia o, al menos, se mantienen en los niveles precedentes.
Esta circunstancia lleva a un estado de interdependencia en el que los países más ricos
necesitan de los suministros de los pobres, mientras que estos últimos no pueden disfrutar de
independencia económica ya que su desarrollo económico solo puede llevarse adelante
gracias a la compra de los productos del centro. El intercambio desigual que genera esto
provoca déficits que muchas veces se convierten en crónicos. Esto obliga a los países de la
periferia a a endeudarse para poder mantener estos déficits exteriores y un nivel de inversión
adecuado que mantenga el crecimiento lo que les lleva, a su vez, a un estado de dependencia
financiera con respecto a los más ricos. Además, en una situación como la descrita, los
capitales van a tener siempre unos rendimientos mayores en los países del centro por lo que
la financiación internacional que se dirige a los países de la periferia es menor que la
necesaria.
A estos problemas hay que añadir que la capacidad que tienen los países ricos o del
centro para influir en las decisiones que toman las instituciones internacionales es muy
elevada. Ello hace que, muy a menudo, estas se decanten en defensa de los intereses de los
países del centro y en detrimento de los más pobres. Por otro lado, la ayuda que dan a los
países más pobres viene condicionada, con cierta frecuencia, al apoyo que el gobierno de
turno presta a los países que realizan la donación (veanse los casos recientes de Irak o
Pakistán) o a la adquisición de los bienes o servicios a empresas del país donante. Tanto en el
primer caso debido a que se prescinde de criterios económicos para conceder los préstamos
justificando estos solo por razonas políticas y estratégicas, como en el segundo en el que los
efectos multiplicadores de la inversión quedan en el país donante, se trata de prácticas que
merman considerablemente los posibles efectos positivos de la ayuda al desarrollo de las
naciones más pobres.
III.2.b. El entorno económico internacional
El último factor que influye en que los países menos desarrollados tengan problemas
para salir de su situación es el entorno económico internacional. El rumbo que está tomando
el proceso globalizador en el que nos hayamos inmersos presenta oportunidades
incuestionables, pero también puede actuar como freno para el desarrollo de algunas
naciones. Ya he nombrado en el anterior apartado cómo esto puede ser debido a que la
capacidad de decisión en las instituciones económicas internacionales que pilotan esta
evolución se concentra en manos de unos pocos países cuyos intereses pueden chocar con el
desarrollo de los más perjudicados. Ahora bien, con independencia de esta realidad, varios
son los aspectos del entorno en el que nos movemos que no ayudan al progreso de los países
más necesitados.
En primer lugar, el entorno internacional no colabora en la mejora de aquellos países
que han entrado en lo que se denomina el círculo de pobreza o de subdesarrollo. Los países
que están encerrados en ellos cuentan con una baja productividad de la producción. Esta tiene
como consecuencia directa la pobreza generalizada de la población que no tiene medios para
lograr unos ingresos adecuados, lo que redunda en una mala nutrición de los habitantes de
este país, en un escaso ahorro por la necesidad en la que se vive y en un bajo rendimiento de
las inversiones que no pueden tener un porcentaje elevado de beneficios debido a la baja
productividad. La principal consecuencia de esto es que no haya suficiente ahorro interno
como para promover inversiones que catapulten el crecimiento y que nadie esté interesado en
invertir en estos países. Un entorno internacional en el que los inversores están buscando
unas tasas de rendimiento elevadas y al plazo más corto posible, ni colabora ni tiene
posibilidades de romper este círculo de pobreza desde afuera.
En segundo lugar, el proceso globalizador está avanzando hacia una profundización
de la economía de mercado a escala mundial sin una intervención adecuada de organismos
públicos que compensen sus efectos negativos. Una de estas consecuencias no deseadas (tal y
como se explica en cualquier manual básico de economía) es el incremento de las
desigualdades entre los más pobres y los más ricos. En la medida que la globalización actual
está intentando lograr el objetivo de liberalizar el mercado mundial al máximo y que esto se
está haciendo sin que exista institución internacional alguna que compense este incremento
de las desigualdades a través de una política de redistribución, esperar que la globalización
14
actual por sí sola beneficie a los más pobres se convierte en una quimera que rompería de raíz
con la experiencia que hemos tenido hasta el momento.
Estas grandes diferencias entre los más ricos y los más pobres producen una presión
sobre estos últimos que no tuvieron los primeros en sus etapas germinales de desarrollo. La
premura por alcanzar a los mejor situados en un periodo breve de tiempo pesa como una losa
sobre las cabezas de los gobernantes que ven su gestión analizada según parámetros
cortoplacistas y comparativos con la situación de los países más desarrollados. Esto produce
que políticas o mejoras que podrían clasificarse como exitosas si las comparásemos con otros
momentos de la historia del desarrollo, aparecen como lentas y poco concluyentes en la
situación actual. También tiene como consecuencia no deseada que los estados tengan que
justificar constantemente ante su pueblo y ante la comunidad internacional que están
haciendo algo para salvar esa brecha, lo que les puede llevar, a su vez, a la aplicación de
políticas precipitadas y poco estudiadas que no colaboren en la consecución de los objetivos
buscados. El hecho de que todos los países que se encuentran en estas circunstancias reciban
la misma presión crea una competencia entre si que les puede llevar a intentar avanzar cada
uno por su cuenta sin que aprovechen, por esta causa, las ventajas que les podría aportar un
trabajo conjunto en pos de ese desarrollo. A esta presión hacia el progreso se une aquella que
intenta por todos los medios que se mimeticen las instituciones exitosas de las naciones más
ricas sin intentar adaptarlas a la idiosincrasia propia de la nación menos desarrollada. Al
tratarse de realidades que son totalmente distintas los resultados positivos en un determinado
lugar no tienen por qué reproducirse exactamente igual en otro y pueden resultar
contraproducentes.
A todo esto hay que añadir que la liberalización del comercio no está llevando la
riqueza que sería de esperar a los países más pobres. Esto se debe sobre todo a que este
proceso se está desarrollando de una manera asimétrica de modo que hay muy pocas
restricciones al movimiento de mercancías de aquellos productos que se fabrican en o por
empresas de los países ricos, mientras que encuentran muchas más trabas aquellos bienes que
venden con más facilidad las naciones menos desarrollados. Por otro lado, los mismos países
pobres han liberalizado su comercio con los ricos pero han reforzado los aranceles que
imponen a aquellos que tienen unas características más parecidas a las suyas. Algunos
autores opinan que estas restricciones repercuten más negativamente en el desarrollo de estos
países que la liberalización con respecto a los más ricos. En todo caso, tanto una medida
como la otra hacen que la participación porcentual en las exportaciones mundiales de los
países menos desarrollados no haga más que reducirse constantemente.
El tratado sobre derechos de propiedad internacional que ha sido aceptado en el marco de la organización Mundial de Comercio también tiene unas consecuencias negativas
para el desarrollo de los más pobres. La protección que se brinda a patentes, marcas y
diseños, impide la libre utilización del conocimiento por parte de aquellos que tienen más
necesidad de él. Esto les obliga a pagar derechos por el uso de una tecnología que podría
ayudarles a superar la situación en la que se encuentran. Además, como el porcentaje de
patentes que se hacen en países pobres es insignificante, los pagos de estos derechas van
habitualmente desde las naciones más pobres a las más ricas. Es una situación distinta a la
que vivieron la mayoría de los países ricos que crecieron en unas circunstancias en las que no
existían estas limitaciones a la libre divulgación del saber, lo que les permitió copiar medios
técnicos sin tener que pagar por ellos ninguna clase de derechos.
Por último hay que resaltar cómo un proceso globalizador que, para lograr profundizar en el mercado a nivel mundial, está realizando esfuerzos para liberalizar el comercio de mercancías y de servicios (a pesar de los problemas que ya se han señalado)y que está avanzando mucho en la liberalización de los movimientos de capital a nivel internacional (de modo que muchos países no ponen condiciones a la salida o entrada de dinero de o hacia su país), no hace lo mismo con el principal activo que tienen los países más pobres: el trabajo poco cualificado. Siguen existiendo muchas restricciones a nivel mundial para la libertad de movimiento de los trabajadores. No de las personas ricas o de aquellos que tienen una cualificación especial (que suelen poder moverse sin demasiadas restricciones de unos países a otros) sino de aquellas personas pobres o con una baja cualificación que encuentran barreras para poder salir de su lugar de residencia hacia otros lares en los que puedan incrementar sus ingresos. Se produce, pues, una clara discriminación hacia aquellos que cuentan con menos recursos económicos o de formación. A consecuencia de ella los países pobres no pueden aprovecharse de las ventajas que les podría reportar unos flujos
migratorios hacia otros lugares, en especial los incrementos de productividad en el interior de
sus fronteras y la recepción de transferencias provenientes de sus emigrantes que equilibrasen
su balanza de pagos. Solo queda recordar que, además de esto, se están reconociendo a nivel
global los derechos de los propietarios de la propiedad intelectual, de los capitales, de los
bienes y de los servicios, mientras los derechos de los trabajadores solamente se reconocen a
nivel nacional y los niveles de protección que se les brinda en unos lugares y otros difieren
mucho.
IV.- DESAFÍOS
El hecho de que muchos de los aspectos que han sido descritos como causas del
subdesarrollo se mantengan en la actualidad, apunta a que el principal desafío ante el que nos
encontramos en estos momentos no es otro que atacarlos directamente, más que intentar
evitar sus consecuencias. Esta es la solución más difícil y más trabajosa, pero es la que
mayores resultados tendría a largo plazo. Además, no debería realizarse de una manera
parcial ya que unos grandes esfuerzos en alguno de estos aspectos sin abordar los otros
podría resultar en un desperdicio de fuerzas que solamente llevase al desánimo. Intentar
mejorar el gobierno de un país sin que al mismo tiempo se limiten las presiones negativas que
este experimenta por parte de un entorno económico internacional hostil o viceversa, son
intentos vanos de acabar con una parte de las causas del estado actual de las cosas. Es
necesario abordar la cuestión desde una visión global que plantee intervenciones en todos los
campos teniendo en cuenta que cada país tiene una situación peculiar en la que pueden influir
más unos factores que otros.
Tenemos, por un lado, el gran desafío de mejorar la gobernanza y las instituciones de
estos países para posibilitar su desarrollo (Banco Mundial, 2002). Este bloque incluye acabar
con la corrupción y lograr que los puestos públicos dejen de ser la manera más rápida y
eficaz para enriquecerse que se da en un país, que mejore su gestión macroeconómica para
garantizar unos datos económicos atractivos, garantizar todas las seguridades físicas,
políticas y sociales a las que ya se ha hecho mención y establecer las bases jurídicas que
permitan la iniciativa empresarial y la seguridad en los negocios. Todos estos puntos deben
ser abordados para mejorar la gestión interna de los países y que estos puedan tener unas
ciertas garantías para desarrollarse. De nada servirían los esfuerzos encaminados a mejorar el
entorno internacional en el que se mueve una nación o la actitud de los países más ricos hacia
ella si la gestión interna de sus recursos no se hace de una manera eficiente y acertada.
Al mismo tiempo se debe dar un cambio en el entorno económico en el que se
mueven estos países. Tanto las naciones más ricas como la organización económica
internacional deberían respaldar y soportar el camino hacia el desarrollo por el que tienen que
transitar las naciones más pobres. En cuanto a los países más ricos, una continuidad en sus
objetivos económicos y en su modo de concebir la estructura económica internacional haría
que todos sus posicionamientos públicos mostrando su pretensión de luchar contra la pobreza
y las desigualdades mundiales quedasen en una mera declaración de intenciones (LLUCH
FRECHINA, 2005 y 2006)
Para que se vaya más allá es necesario un cambio profundo de objetivos económicos que pase del crecimiento al bienestar y de una perspectiva conglomerativa (en la que los indicadores de referencia son las medias de la población) a una perspectiva de la privación (en la que los indicadores de referencia son los datos de los más desfavorecidos y pobres) (PNUD, 1997) lo que les llevaría a un replanteamiento del modelo de ayuda que practican estas naciones y a que su presión en las instituciones internacionales dejara de ser solo para defender sus intereses económicos, sociales o políticos. Este sería el camino más efectivo para que las intenciones se hiciesen realidad y lograr un apoyo real y firme al desarrollo de las naciones más pobres.
Un cambio parecido debería utilizarse para reorientar el proceso globalizador. La benignidad del mismo no debería analizarse exclusivamente desde una perspectiva de crecimiento de la renta per cápita, ya que esto deja atrás a una gran parte de la población.
Para ello sería necesario, no solo una generalización del enfoque de la privación para fijar los
objetivos económicos globales (lo que exigiría plantearse la necesaria reducción de las
desigualdades) sino reforzar el funcionamiento de instituciones internacionales que tuviesen
poder para colaborar en la consecución de los fines pretendidos.
Las condiciones últimas que deberían darse para lograr afrontar de una manera
simultánea los retos que plantea la situación subdesarrollo de una parte importante de la
población mundial (que han sido resumidos en los párrafos anteriores) giran en torno a dos
ejes imprescindibles. El primero sería la excelencia técnica. Los avances de la economía y de
otras ciencias sociales nos permiten, a estas alturas de la historia, tener una idea bastante
clara de los resultados de las diferentes políticas aplicables sobre la estabilidad, el
crecimiento, el desarrollo, las desigualdades, la pobreza, el bienestar, etc. Si bien es ingenuo
pensar que podemos solucionarlo todo, también sería poco realista afirmar que no se puede
hacer nada. La experiencia acumulada por muchas sociedades permite conocer los resultados
positivos o negativos de determinadas medidas. Si bien seguir de una manera mimética lo
realizado por otro puede no llevar a los mismos resultados que este obtuvo, tampoco se puede
desdeñar de raíz la experiencia previa de los países más desarrollados. La aplicación de sus
enseñanzas (adaptadas a cada circnustancia) puede resultar muy útil para aquellos países que
desean prosperar. En este sentido, intentar trasladar a otro país las experiencias que no han
sido fructíferas en el propio o que no han obtenido resultados positivos en él, puede
considerarse una aventura arriesgada o un engaño. Lograr que los países (ya sean ricos o
pobres) y las instituciones internacionales sean gestionados por personas que tengan una
excelencia técnica que les permita aplicar los conocimientos adquiridos, es una condición
necesaria para lograr avanzar en el progreso de los más pobres.
Sin embargo, esta condición no es suficiente para lograr el objetivo deseado. Una
excelencia técnica puesta al servicio de un fin equivocado puede llevar al traste las
esperanzas de muchas personas. Para complementar este punto es necesario que se de un
profundo cambio de mentalidad en la población que se traduzca en el comportamiento de
políticos y gestores. Mientras se siga legitimando la búsqueda del interés propio (sobre todo a
corto plazo) en el érroneo convencimiento de que esto llevará a la mejora de todos, la
excelencia técnica resultará claramente insuficiente. Este cambio de mentalidad debería
incidir en la consecución del bien común de las sociedades, concretando este, no tanto en la
mejora de los niveles medios de la población sino en el progreso de los que peor están. Esto
ayudaría a que las personas, empresas o naciones no pretendiesen constantemente tener más,
sino que cejasen en sus intentos de acaparar mas bienes en en el momento llegasen a niveles
económicos y de bienestar adecuados, esforzándose entonces por mantener lo alcanzado y
facilitando la mejora de aquellos que todavía no tuviesen la misma suerte.
Este cambio de mentalidad puede provenir o bien de una conciencia ética que confronte a las personas ante la realidad de miseria de los que peor están, o a través de un convencimiento egoísta que permita entrever cómo la mejora de los más pobres redunda de
na manera directa en el incremento individual o grupal del bienestar. Es evidente que pensar
en la generalización de esta manera de pensar puede resultar quimérica, pero se puede lograr
que una parte elevada de la población quede convencida de esto. En la medida que esto
sucediese, parte de los gobernantes y responsables podrían asumir (aunque solamente fuese
por puro cálculo electoral) las ideas de este sector de la población, lo que repercutiría
finalmente en un enfoque diferente de la gestión pública. Solo la conjunción de estos dos
elementos, excelencia técnica y cambio de mentalidad, podrán conseguir una acción
coordinada que aborde de raíz las causas del subdesarrollo para luchar de una manera más
eficaz contra él. Sin la segunda, se seguirá utilizando la excelencia técnica para lograr los
objetivos particulares y no los de los que peor están.
BIBLIOGRAFÍA
BHALLA, SURJIT (2002): Imagine There’s No Country. Poverty, Inequality and Growth in
the Era of Globalization, 1ª Edición, Washington, Institute for International Economics.
BANCO MUNDIAL (1990): Informe sobre el desarrollo mundial 1990. La pobreza, 1ª
edición, Washington, Oxford University Press
(1999): Informe sobre el desarrollo mundial 1998/1999. Al conocimiento al servicio
del desarrollo, 1ª edición, Washington, Banco Mundial.
(2001): Informe sobre el desarrollo mundial 2000/2001. Lucha contra la pobreza, 1ª
edición, Washington, Banco Mundial.
(2002): Informe sobre el desarrollo mundial 2002, Instituciones para los mercados,
1ª Edición, Madrid, Mundi-Prensa Libros.
BONI ARISTIZÁBAL, A; FERRERO DE LOMA-OSORIO, G. (1997): Introducción a la
cooperación para el desarrollo, 1ª Edición, Valencia, Servicio de publicaciones de la
Universidad Politécnica de Valencia
DUBOIS, ALFONSO (2001): "Las estrategias globales frente a la desigualdad de los
organismos internacionales: un análisis crítico", en Capitalismo, desigualdades y
degradación ambiental, cap: III, pág. 75-112, Barcelona, Icaria editorial.
ELKAN, W. (1995) An Introduction to Development Economics 2nd edition, London,
Prentice Hall/Harvester Wheatsheaf.
FMI (1998): “Should Equity Be a Goal of Economic Policy?, Finance & Development,
September 1998, Volume 35, Number 3,
http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/1998/09/imfstaf1.htm
(2000): La globalización ¿Amenaza u oportunidad?, Estudios temáticos 00/01, Abril
2000, http://www.imf.org/external/np/exr/ib/2000/esl/041200s.htm
HOUGHTON, D.H. (1965) The South African Economy 2nd edition, Cape Town, Oxford
University Press.
KRUGMAN, P.R.; OBSTFELD, M. (1995) Economía Internacional. Teoría y política. 3ª
edición, Madrid, McGraw-Hill.
LACOSTE, Y. (1976) Geografía del Subdesarrollo 6ª edición, Barcelona, Ariel Geografía.
LLUCH FRECHINA, ENRIQUE (2005) "La debilidad de las estrategias en la lucha contra la
pobreza mundial" en Ciudadanía, Pág: 211 - 235, Cáritas Española Editores, Madrid
(2006) "Las diferencias económicas en una época de globalización", Verdad y Vida,
revista franciscana de pensamiento, Año LXIV, Núm. 245-246, Pág: 35 - 103, Franciscanos
españoles (O.F.M.), Madrid.
MEIER, G.M. (1995): Leading issues in economic development, 6th edition, New York,
Oxford University Press.
PNUD (1996): Informe sobre desarrollo humano 1996, 1ª edición, Madrid, Mundi-Prensa
Libros.
(1997): Informe sobre desarrollo humano 1997, 1ª edición, Madrid, Mundi-Prensa
Libros.
SAMPEDRO, J.L. (1972) Conciencia del Subdesarrollo 1ª edición, Madrid, Santillana S.A.
Taurus.
TODARO, M.P. (1997): Economic Development, 6th edition, Essex, Addison Wesley
Longman Limited.
VINER, J. (1954): "The Economics of Development" The Economics of underdevelopment,
1st Edition,1958, Pág: 9-31, New York, Oxford University Press
ZETTELMEYER, JERONIM (2003): “Bhalla contra el Banco Mundial: Una perspectiva
externa”, Finanzas & Desarrollo, Vol 40, Nº 2, Junio 2003, Pág: 50-53, Fondo Monetario
Internacional.