Autor: Lic. Eduardo Rafael Carrasco
Formas de medir el Desarrollo Humano Integral
(Catholic.net)
El propósito de este trabajo es presentar la problemática del desarrollo económico desde su finalidad, esto es la satisfacción de las necesidades humanas y su contribución a su progreso, pero poniendo principal énfasis justamente en el hombre, quién según las mas variadas observaciones y posturas es considerado como el sujeto a quién la economía debe dirigirse y servir.
Si el hombre actúa movido por un fin, y si consideramos a la causa final como la guía orientadora del actuar humano tanto individual como socialmente, entonces el fin perseguido por la economía tiene que estar en directa relación con su actuar, y con el sujeto al que va dirigida. Y por consiguiente entre los resultados obtenidos y los efectos producidos sobre el sujeto-destino se puede hacer una valoración de la eficacia y cumplimiento de las tareas emprendidas.
De allí surgirán entonces, los modos, criterios e indicadores de medición y evaluación.
Es por eso que es de fundamental importancia el conocimiento del sujeto que va a ser servido por la economía, y particularmente la concepción que tengamos de él. Es decir, si la economía debe servir al hombre, corresponderá conocer adecuadamente quién es ese hombre. Y esto supone una concepción de él, cuya respuesta trasciende y escapa a la mera consideración de su aspecto económico, y responde mas bien a la cosmovisión social y cultural.
Así, el desarrollo económico, puede ser evaluado. Y las evaluaciones producidas, a su vez, responden a la visión que del hombre han tenido explícita o implícitamente las diversas escuelas económicas.
En este trabajo presentaremos entonces el papel del hombre en la actividad económica, y la forma de evaluar a ésta en relación con aquel.
Esto lleva a caracterizar el desarrollo económico, a partir de la concepción moderna predominante (excluyendo una consideración histórica evolutiva de esa noción en razón de las limitaciones propias del presente trabajo) y luego apreciar nuevas escuelas que demandan el "rostro humano" de la economía.
Particularmente se considerarán las posturas que presenta el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en sus informes sobre el Desarrollo Humano, y la visión cristiana del hombre y la economía según se presenta en la Doctrina Social Cristiana, básicamente contenida en diversos documentos y encíclicas, y de modo especial en las producidas por Pablo VI (Populorum Progressio) y Juan Pablo II (Sollicitudo Rei Socialis).Finalmente se mostrarán los tipos de indicadores que responden a esas visiones, como guías orientadoras de evaluación del desarrollo económico.
Crecimiento y desarrollo
Una gran parte de los estudios referidos al desarrollo económico, pasan por identificar a este con el crecimiento. Los manuales de economía refieren incluso desde sus índices temáticos el desarrollo económico en los capítulos donde se analiza a aquel.1
Así, se tiende primariamente a unificar los conceptos, distinguiendo en una segunda instancia al desarrollo y las teorías respectivas, como los modos de alcanzar el crecimiento económico. Y éste a su vez, principalmente es considerado como la acumulación de bienes y servicios disponibles en una sociedad o en un estado nacional2. Incluso la comparación entre economías desarrolladas y en vías de desarrollo, surge como una relación de la renta real per capita con la experimentada por los países avanzados3.
Y consecuentemente las teorías sobre el desarrollo, y las políticas derivadas suponen coherentemente esa coincidencia.
Este modo de apreciar el desarrollo económico nos lleva a reconocer implícitamente, que éste tiene como destino la abundancia de recursos, puesto para la satisfacción de las sociedades, donde el énfasis prioritario radica en los objetos producidos. De este modo tiende a privilegiarse a la producción, que obviamente tiene como destino el consumo, resultante este en una fase posterior a aquel. Las necesidades son satisfechas en el acto del consumo, mediante el uso de los bienes y servicios producidos.
Este modo de presentación de la problemática, de algún modo lleva a considerar al sujeto-consumidor, como el objetivo a atender, y por consiguiente mientras mayor sea la provisión de bienes y servicios, mayor y mejor será su satisfacción. Así los bienes económicos son considerados como aquellos capaces de satisfacer las necesidades.
De modo que el progreso es obtenido como consecuencia del crecimiento en la producción. La propia definición de "desarrollado" conlleva e impone una carga valorativa a lograr4, y que puede medirse y cuantificarse como resultado del proceso de acumulación.
Secundariamente, las necesidades humanas son apreciadas desde la producción. Y el sujeto consumidor encuentra su satisfacción (felicidad) en las capacidades de acceder a los bienes producidos y ofertados. Los indicadores consecuentemente empleados referirán a la producción y el consumo de bienes. (Inclusive los bienes de capital (inversiones) se cuantificarán según su capacidad de incrementar el proceso económico.)
¿Es el crecimiento económico una meta significativa? se pregunta el P.N.U.D. "Durante muchos años, el crecimiento ha sido una importante meta económica de los encargados de formular políticas - y de los líderes políticos - basada en la opinión profundamente arraigada de que la provisión de cantidades cada vez mayores de bienes y servicios es la mejor manera de elevar el nivel de vida de la gente. Y con frecuencia se considera que el crecimiento resuelve otros problemas, como el aumento de la capacidad militar, el aumento del empleo y la reducción de los déficit presupuestarios5.
El éxito económico medido a través de los indicadores de crecimiento también encuentra objeciones cuando deja de lado el objetivo de conseguir el bienestar.
Amartya Sen concluye que deben complementarse los indicadores tradicionales con estadísticas que se refieran más directamente al bienestar6
La idea subyacente es que mientras el crecimiento económico, contempla principalmente la producción de bienes y servicios, el desarrollo atiende a la satisfacción de las necesidades humanas. El bienestar se mide "desde el hombre".
Avanzando sobre estos conceptos, Pablo VI expresará que "el desarrollo no se reduce a un simple crecimiento económico. Para ser auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre"7 .
De modo que el crecimiento pasa a ser considerado como un estadio en el proceso de desarrollo, y es éste el que define el grado de progreso alcanzado por las sociedades. Y este progreso hace referencia directa al hombre en tanto y en cuanto sujeto del actuar económico, y por consiguiente desde él debe medirse el tipo y grado de evolución económica.
El hombre, objeto o sujeto de la economía
La concepción desde la óptica del crecimiento económico, muestra el extraordinario progreso alcanzado, a causa de y confirmado por los adelantos científico técnicos, permitiendo una provisión y calidad en los bienes obtenidos.
Sin embargo, junto a esos resultados, aparece también una división en las sociedades humanas en dos grandes grupos, que se distinguen entre los poseedores y los carentes de aquellos beneficios. Y mientras en estos últimos, el rasgo común es la privación en diversas magnitudes, calidades y escala, como consecuencia de no haber logrado acercarse a los parámetros mas elevados de acceso, curiosamente las sociedades beneficiadas muestran insatisfacción aún en la abundancia, y a despecho de los indicadores de desarrollo.
La sencilla noción que asimilaba el progreso y la suficiencia de riquezas con la satisfacción y felicidad, aparece cuestionada.
Si es cierto que la provisión de bienes y servicios, contribuye al desarrollo humano, aquella se presenta en todo caso como una condición necesaria pero insuficiente.
Una mirada desde la finalidad de la economía, arroja una nueva luz. Si el desarrollo debe servir al hombre, habrá que preguntarse entonces, qué es lo que el hombre demanda para sentirse adecuadamente servido.
Una primera respuesta aparece manifiesta y persistentemente en la historia del desarrollo moderno, y estriba en la desigualdad operada en la distribución de las riquezas. Abundancia y miseria conviven de modo persistente y creciente. A la problemática por el desarrollo, se une como nueva dificultad, la del justo reparto de los beneficios producidos.
El fenómeno contrastante se presenta como un desequilibrio entre los participantes de la sociedad, entre regiones, entre países y entre continentes. El PNUD lo sintetiza afirmando que "el aumento de la disparidad del rendimiento económico está creando dos mundos, cada vez mas polarizados"8 y lo remata ejemplificando que "hay en el mundo 358 personas cuyos activos se estiman en mas de mil millones de dólares cada una, con lo cual superan el ingreso anual combinado de países donde vive el 45% de la población mundial"9.
Esta situación agrega nuevas encrucijadas: a la problemática por la distribución, y los modos para lograrla, se une la necesidad de sostener el proceso de expansión, que es cuestionado por la presencia de los excluidos. En efecto, en la medida que el proceso económico genera una dualidad, -además del incremento de la conflictividad social y las inestabilidades políticas derivadas y contempladas en el circulo vicioso que atrapa a los países menos avanzados-, aparecen limitadas sus posibilidades de expansión, y controvertidas las viabilidades de sostener el crecimiento alcanzado. Bajo este análisis, el propósito del crecimiento debiera asociarse al de desarrollo, extendiendo lo producido en formas de reparto mas amplias, con el fin de no auto limitarse.
Sin embargo, una segunda y mas profunda mirada sobre la finalidad del desarrollo se detiene en los resultados obtenidos en relación a las necesidades humanas. Siendo comúnmente aceptada la finalidad del acto económico como la actividad tendiente a la satisfacción de las necesidades, corresponde inmediatamente responder sobre cuáles, y en definitiva y por extensión por ése hombre al que se debe proveer.
Nuevamente aparece el tema de la concepción que se tiene del ser humano, y ésta nuevamente escapa a un modelo tipo, o un homo economicus que pueda definirse bajo patrones estandarizados.
Y a su vez, esta respuesta escapa al ámbito de la economía. El fin del hombre excede las respuestas de esta ciencia, pero el concepto obtenido y asumido, ciertamente la determinará y dirigirá.
En definitiva, las críticas a la sociedad consumística, objetan la actitud materialista que impregna las conductas, que tienden a conformar un sujeto que se satisface y agota en un consumo permanente. La visión desde la finalidad, permite distinguir entre satisfacción de necesidades, y persecución de deseos.
Mientras los primeros pueden alcanzarse, los segundos quedan permanentemente insatisfechos, pues cada deseo cumplido es reemplazado por uno nuevo. Este punto encuentra además estrecha relación con el planteo de los economistas-humanistas de Mark A. Lutz y Kenneth Lux: "Las necesidades tienen una capacidad natural de satisfacción; los quereres, en cambio, son infinitos"10
De allí que desde esta visión se pueda inferir, la realidad o irrealidad de los supuestos de comportamiento, y por ende la validez o invalidez de sus análisis, previsiones y políticas.
El hombre en el Desarrollo
Arribamos así al aspecto medular en la consideración del desarrollo. ¿Cuál es el rol del hombre en ése proceso?
La pregunta podría resultar ociosa, si no fuese por la persistencia de las declamaciones tendientes a considerar la "necesidad de humanizar la economía", encontrar "el rostro humano" en el mundo económico, "humanizar los mercados", etc., como si el hombre se hubiese extraviado en un proceso confuso, que lo incluye pero lo desconsidera.
Particularmente el enfoque macroeconómico hace perder noción del árbol en un bosque científico técnico, sujeto a variables que lo superan.
Nuevamente Lutz y Lux insisten: "Resulta una locura separar el problema económico del humano, como si pudiéramos aislar los medios sin considerar los fines. Bajo todo punto de vista y en todo momento se debe enfocar la cuestión económica a la luz de los fines últimos de la vida humana" 11
Las consideraciones de una economía "más humana" llevan a incluir explícitamente al hombre como destinatario del proceso de desarrollo. Aún sin definir adecuadamente el presupuesto humano, el PNUD cree que "el crecimiento económico es un medio para lograr un fin: aumentar las opciones de la gente"12, siguiendo al economista antillano Arthur Lewis quién definió el propósito del desarrollo como "ampliar la diversidad de las opciones humanas."13
Desde esta perspectiva, el hombre (en realidad se hace referencia a "la gente") es considerado como un objetivo privilegiado: el fin es el desarrollo humano14.
Siendo un elemento clave del desarrollo, se lo contempla como a una factor especial que requiere de cuidados propios, y es capaz de producir mas y mejor en tanto y en cuanto se atienden a sus necesidades vitales. Pero por otra parte, la orientación de ese desarrollo humano deberá observar también si aumenta su "potenciación".
Un buen crecimiento económico es aquel que promueve el desarrollo humano en todas sus dimensiones: generando empleo y posibilidades de ganarse el sustento; propicia la libertad de las personas; distribuye equitativamente los beneficios; promueve la cohesión social y la cooperación; salvaguarda el desarrollo humano futuro15.
Conviene advertir que las consideraciones presentadas no surgen espontáneamente, ni son asumidas desde otras dimensiones colindantes con la ciencia económica, como es en el caso de la escuela de Psicología Humanista. Al menos explícitamente no se asume una definición desde la Antropología o la Filosofía, o incluso desde alguna corriente religiosa.
Más bien parecen derivadas de observaciones y análisis que permiten apreciar los elementos favorables y contradictorios acaecidos entre el desarrollo económico y la gente. Privilegiando a esta última, se analizan entonces las características del desarrollo, y se formulan observaciones y recomendaciones.
No obstante, es razonable suponer que aún en lo indeterminado, hay una visión implícita16. Y de todos modos, resulta manifiesta su intención de demostrar la no contradicción entre el crecimiento económico y el desarrollo humano, antes al contrario, descubrir y establecer los lazos de unión entre uno y otro, de modo de asegurar su potenciación.
Desde ese sentido, el desarrollo humano logrado entre otras cosas mediante una distribución equitativa de los bienes, al tiempo que posibilita una vida más digna a las personas, asegura a su vez mejores condiciones de crecimiento.
Quizá uno de los mejores logros de esta visión, junto a análisis y juicios críticos a un modo de pensar mecanizado y excluyente de la condición humana que se pretende promover, consista en el fuerte y extenso apoyo estadístico utilizado para confirmar sus apreciaciones. A partir de estás se obtiene un Indicador de Desarrollo Humano (IDH), que sintetiza las mediciones de ingreso per cápita, junto a los niveles de salud y educación.
Los análisis del PNUD son conocidos a partir de 1990, mediante informes anuales a escala planetaria, y también específicos para diversos países.
Otro enfoque vigente durante el siglo XX, pero explícitamente manifiesto a través de su expresión sobre el desarrollo, proviene desde la Iglesia católica mediante su doctrina social dada a conocer a través de encíclicas y otros documentos. Particularmente importa destacar la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI en el año 1967, como la base fundamental en la materia.17
La posición doctrinal de la Iglesia parte sencillamente de reconocer la dignidad eminente de la persona humana, que es creada a "imagen y semejanza de Dios", con una misión y caracteres específicos durante su vida: crecer, multiplicarse y dominar la tierra18. "En los designios de Dios, cada hombre est* llamado a un determinado desarrollo, porque toda vida es una vocación...el crecimiento humano constituye como una precisa síntesis de nuestros deberes...todos los hombres están llamados a un pleno desarrollo"19
Esta fundamentación con base antropológica, reconoce la condición personal, individual y social del hombre, "autor, centro y fin de toda la vida económico-social"20, sujeto de deberes y derechos, de paso en el mundo hacia una vida plena en la eternidad, en la medida que manifieste un comportamiento de amor a sus semejantes, que en el aspecto social se identifica con la solidaridad hacia el prójimo, definido como hermano, e hijos por tanto de un mismo Padre.
Las tres propuestas fundamentales de Pablo VI parten de considerar que la temática del desarrollo se inscribe en un contexto más amplio que es ético-cultural. De suyo, el circuito económico ocurre y opera en un marco, que denominamos sistema económico21. La conducta económica y la política económica se inscriben en la conducta moral, que perfeccionan y orientan el obrar técnico.
En segundo lugar, se aprecia que la problemática del desarrollo tiene alcance mundial, y que su complejidad excede el marco de análisis y las políticas locales, por lo que deben establecerse acciones conjuntas.
Y en tercer término identifica el objetivo del desarrollo: la paz y esta es posible como fruto de la justicia. Apoyándose en análisis específicos22, y en coincidencia con la escuela de Psicología Humanista, se subraya la no aceptación de "la separación entre lo económico y lo humano"23.
El fin del desarrollo no radica en la acumulación, sino en la posesión de bienes que permitan un mayor crecimiento de la persona. La persona se desarrolla en su "ser" antes que en el "tener". De modo que el crecimiento debe estar orientado hacia ella, cuyos fines parten de lo material, pero se elevan hacia otros valores superiores y trascendentes, y no queda en la esfera individual, sino que se inscribe en una realidad social. De allí la mención y promoción particular de la familia, en cuanto célula básica de la sociedad.
El proceso sería así: el fin del desarrollo es la paz, y esta es fruto de la justicia. Y esta a su vez reclama justa distribución de los bienes (para todos los hombres) y su adecuado uso para todas las dimensiones de cada hombre. Por eso la producción y el consumo deben orientarse bajo estas premisas, que establecen como un mínimo (para evitar la miseria) y un máximo (para evitar los excesos), en un contexto de interdependencia solidaria. El modelo es el espíritu de familia, donde sus integrantes son apreciados por lo que son, antes que por lo que tienen. Por eso el desarrollo no se reduce a lo económico, sino que debe ser integral, para obtener entonces el desarrollo económico.
Aportes concretos desde la visión cristiana
Continuando la enseñanza social, Juan Pablo II es quién a partir del marco conceptual propuesto por su antecesor, identifica un conjunto de indicadores que permitan examinar las características del desarrollo humano24
a) Partiendo de tres agrupaciones de indicadores genéricos25, señalamos:
1) los que provienen de la observación de la realidad: que a su vez muestra las multitudes de personas en la miseria (indicadores de indigencia y de pobreza)
2) el alargamiento en el tiempo de las desigualdades (que podría mensurarse a través del índice de Gini y la curva de Lorenz), mas una medición temporal, para verificar el agravamiento.
3) Indicadores sectoriales de producción y consumo de bienes destinados a la alimentación, salud, higiene, vivienda, disponibilidad de agua potable, condiciones de trabajo, y condiciones de trabajo femenino.
Estos indicadores -se indica- deben ser evaluados en sí mismos, y luego en relación entre los desarrollados y los no desarrollados.
b) Aparecen después otros indicadores culturales, para apreciar el analfabetismo, las dificultades para acceder a la enseñanza superior, formas de explotación económica, la capacidad de participación, y especialmente el derecho de iniciativa económica.
c) Dado que desde esta visión, se analiza el desarrollo en tanto y en cuanto sirva al hombre ("a todo el hombre y a todos los hombres"26) se llama la atención sobre la problemática del subdesarrollo, pero también sobre el "superdesarrollo". Para ello se plantea el uso de indicadores de desechos, basuras y descartes, como formas de medir el exceso en la disponibilidad de bienes. Adicionalmente se incluirían indicadores de variación en el uso debido a cambios en las modas.
d) Partiendo de que el autentico desarrollo implica la plena participación de los miembros de la sociedad ("o participan todos o no hay desarrollo"27) se mencionan otros tres indicadores específicos a considerar: la disponibilidad de viviendas (como síntesis de las insuficiencias económicas, sociales y culturales), los niveles de desempleo y subempleo (para verificar el progreso en el espíritu de justicia y paz), y la deuda internacional (como comprobación de la presencia de mecanismos contraproducentes para el desarrollo).
e) Un punto especial merece la consideración del tema de la familia.
Asumida como célula fundamental para la sociedad, ella manifiesta en escala, el grado de desarrollo social alcanzado, y a su vez repercute sobre la sociedad que va conformando. De allí que la mayor parte de los indicadores pasan o se producen por el núcleo familiar. Por ello aparecen una amplia gama de indicadores vinculados con ella, y otros específicos con su función de protección, educación, y promoción de la vida humana. Asimismo los indicadores cualitativos referidos a la calidad de la vida humana se inscriben en ese marco. De allí que su apreciación sea medular para el análisis de esta postura28.
f) Y esa consideración permite a su vez avanzar sobre la actual temática contemporánea referida al Capital social. Sus formas de medición, complejas en algunos casos, e imprecisas por la propia naturaleza de la cuestión en otros casos, encuentran también basamento en el análisis de la familia, y particularmente en el "espíritu de familia" como elemento esencial, distintivo y creativo del capital social.
Estimado como el componente que aglutina a la sociedad, que mantiene la cohesión social, y mas genéricamente como la forma en que la gente interactúa, coopera y resuelve sus conflictos, el capital social puede ser el factor mas crucial para el desarrollo de cualquier sociedad29.
De este modo, esta cosmovisión propone la posibilidad concreta de la utilización de diversos indicadores como guías orientadoras y confirmantes, pero también como elementos demostrativos del grado y tipo de desarrollo alcanzado en relación con la meta establecida: un desarrollo integral, que promueva a todo el hombre y a todos los hombres.
Consideraciones finales
La explicitación de la finalidad en la economía, se convierte en un elemento crucial para la consideración del desarrollo, como así también para su medición y posterior evaluación. Dado el propósito de esta ciencia, de estudiar como la actividad humana puede proveerse con los medios necesarios para la satisfacción de sus necesidades, se puede entonces distinguir con mayor claridad su objetivo principal.
Adicionalmente permite discernir entre una visión mas inclinada por la producción y lo material, de otra mas centrada en los aspectos humanos.
Posteriormente, y dentro de estas últimas, importará reconocer cuál es su concepción del hombre, y en función de ella, se establecerán sus pautas, modos de comportamientos, criterios de política, etc.
Considerando al hombre como la finalidad propia que el proceso de desarrollo debe atender, hemos presentado las visiones más usuales que explícita o implícitamente se tienen de él. Y hemos visto inmediatamente que la evaluación del proceso de desarrollo guarda relación con el punto de vista sostenido.
Aparecen diferentes formas de examen, medición y evaluación del desarrollo, si por él lo entendemos desde la generación productiva (crecimiento), o si lo enfocamos en relación con el ser humano.
A su vez, el enfoque desde el hombre, en cuanto finalidad de la economía, lleva a plantearse de qué tipo de sujeto estamos apreciando. Y a partir de allí, surgirán entonces nuevas pautas para evaluar el grado de avance del desarrollo humano.
Adicionalmente hemos expuesto algunas apreciaciones del enfoque del hombre y su relación con la Economía desde la visión de la Psicología, y sus críticas a aquella, por su pretensión de separar lo humano de lo económico.
También hemos visto las relaciones entre desarrollo humano y crecimiento, desde la perspectiva del PNUD, y su aporte con un amplio instrumental para la medición y el análisis.
Y por último hemos presentado el enfoque desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, para llegar a los indicadores genéricos recomendados para su empleo. Quizá el aspecto saliente es que la postura es deducida desde el hombre, explicitando qué entiende por tal, su finalidad propia, y luego ajustando el desarrollo en relación a él.
Si bien no se ha presentado un análisis comparativo de los indicadores seleccionados, parece razonable la impresión que el instrumental a utilizar no presenta significativas diferencias con otros habitualmente empleados. En todo caso, la tarea principal pasará por distinguir, seleccionar y agrupar los indicadores y ordenarlos en relación con el objeto que se quiere medir. Inclusive podrá observarse que un mismo indicador dice cosas diferentes según el punto de vista que se tiene, o de lo que se desea medir30.
Queda por acotar que la obtención de los instrumentos de medición, en principio no debiera ser un obstáculo de extrema dificultad, dado el arsenal estadístico disponible en la actualidad.
No obstante, habrá que atender a algunas realidades humanas y sociales, que si bien se las reconoce desde el intelecto como influyentes en el proceso de desarrollo, pueden presentar dificultades de medición. Tal puede ser el caso en la temática del capital social y sus efectos sobre aquél.
Notas bibliográficas
1 Samuelson, Economía, Mc. Graw-Hill, 12ª. Edición, 1988.
2 Ibidem Cap. 36 y 37.
3 Ib. Pág.992.
4 Siguiendo a Hausman y Mc Pherson quienes sostienen que "la racionalidad es normativa, Ricardo Crespo señala que "la economía es subyacentemente normativa por naturaleza" y mas adelante: "al describir y explicar, si la explicación es buena, también se prescribe". Extraído de Noción y tareas de la Economía, su carácter normativo y sus conexiones con la ética, de Ricardo Crespo.
5 Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe de Desarrollo Humano, 1996, p.48.
6 Amartya Sen, "La vida y la muerte como indicadores económicos", Investigación y Ciencia, Madrid, Julio 1993. Extraído de www.unrc.edu.ar/publicar/21/uno.html
7 Pablo VI, Populorum Progressio, Ediciones San Pablo, 1967.
8 PNUD, op.cit., Pág. 2
9 PNUD, ib.
10 Extraído de: Psicología Humanista y Economía, de Ricardo Crespo.
11 Ib.
12 PNUD, op.cit. Pág. 13
13 ib.
14 Ib.pag.1
15 ib. Pág. 63.
16 Cuyas apreciaciones deberán ser motivo de otras investigaciones.
17 En realidad esta encíclica responde a la propuesta y principios establecidos en 1965 por el Concilio Vaticano II, en su constitución pastoral Gaudium et Spes. Posteriormente a aquella, Juan Pablo II actualizó, y profundizó sus contenidos en otra carta encíclica (Sollicitudo Rei Sociales) compuesta veinte años después (1987).
18 Génesis, 1, 28.
19 Populorum Progressio, Pablo VI, 1967, nos. 15 y ss.
20 Const. Pastoral Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II, cap III, 63.
21 Cfr. Francisco Valsecchi, Qué es la Economía, Ed. Columba.
22 L. J. Lebret, Dynamique concrète du développement, Paris, Eco
23 Populorum Progressio, n. 14
24 muchos de los cuales presentan notables similitudes con los propuestos posteriormente por el PNUD en sus informes de Desarrollo Humano, aunque estos se han llevado a la práctica y concretado luego en múltiples series estadísticas y comparaciones a nivel internacional con casi todos los países.
25 Sollicitudo...op.cit.
26 Populorum...op.cit
27 Sollicitudo...op.cit
28 "Los males de la sociedad son un reflejo de los males familiares. Cuando la familia, célula b*sica y vital de la sociedad, est* enferma, toda la sociedad también lo est*...Cual es la familia, tal es la nación porque tal es el hombre" Juan Pablo II, Homilía, 8.6.1979, extraído de Diccionario Social y Moral de Juan Pablo II, EDIBESA, Madrid, 1995.
29 The World Bank Group, Beyond Economic Growth, by Tatiana P. Soubbotina y Catherine Sheram, 2000. Cap. XVII.
30 Así por ejemplo, la recaudación impositiva del IVA expresa simultáneamente la evolución de los ingresos públicos como así también la marcha de la actividad económica. Y un índice de nacimientos no solo es un indicador demográfico, sino también expresa las perspectivas y esperanzas futuras que hoy tiene una sociedad determinada. etc.
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Formas de medir el Desarrollo Humano Integral
(Catholic.net)
El propósito de este trabajo es presentar la problemática del desarrollo económico desde su finalidad, esto es la satisfacción de las necesidades humanas y su contribución a su progreso, pero poniendo principal énfasis justamente en el hombre, quién según las mas variadas observaciones y posturas es considerado como el sujeto a quién la economía debe dirigirse y servir.
Si el hombre actúa movido por un fin, y si consideramos a la causa final como la guía orientadora del actuar humano tanto individual como socialmente, entonces el fin perseguido por la economía tiene que estar en directa relación con su actuar, y con el sujeto al que va dirigida. Y por consiguiente entre los resultados obtenidos y los efectos producidos sobre el sujeto-destino se puede hacer una valoración de la eficacia y cumplimiento de las tareas emprendidas.
De allí surgirán entonces, los modos, criterios e indicadores de medición y evaluación.
Es por eso que es de fundamental importancia el conocimiento del sujeto que va a ser servido por la economía, y particularmente la concepción que tengamos de él. Es decir, si la economía debe servir al hombre, corresponderá conocer adecuadamente quién es ese hombre. Y esto supone una concepción de él, cuya respuesta trasciende y escapa a la mera consideración de su aspecto económico, y responde mas bien a la cosmovisión social y cultural.
Así, el desarrollo económico, puede ser evaluado. Y las evaluaciones producidas, a su vez, responden a la visión que del hombre han tenido explícita o implícitamente las diversas escuelas económicas.
En este trabajo presentaremos entonces el papel del hombre en la actividad económica, y la forma de evaluar a ésta en relación con aquel.
Esto lleva a caracterizar el desarrollo económico, a partir de la concepción moderna predominante (excluyendo una consideración histórica evolutiva de esa noción en razón de las limitaciones propias del presente trabajo) y luego apreciar nuevas escuelas que demandan el "rostro humano" de la economía.
Particularmente se considerarán las posturas que presenta el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en sus informes sobre el Desarrollo Humano, y la visión cristiana del hombre y la economía según se presenta en la Doctrina Social Cristiana, básicamente contenida en diversos documentos y encíclicas, y de modo especial en las producidas por Pablo VI (Populorum Progressio) y Juan Pablo II (Sollicitudo Rei Socialis).Finalmente se mostrarán los tipos de indicadores que responden a esas visiones, como guías orientadoras de evaluación del desarrollo económico.
Crecimiento y desarrollo
Una gran parte de los estudios referidos al desarrollo económico, pasan por identificar a este con el crecimiento. Los manuales de economía refieren incluso desde sus índices temáticos el desarrollo económico en los capítulos donde se analiza a aquel.1
Así, se tiende primariamente a unificar los conceptos, distinguiendo en una segunda instancia al desarrollo y las teorías respectivas, como los modos de alcanzar el crecimiento económico. Y éste a su vez, principalmente es considerado como la acumulación de bienes y servicios disponibles en una sociedad o en un estado nacional2. Incluso la comparación entre economías desarrolladas y en vías de desarrollo, surge como una relación de la renta real per capita con la experimentada por los países avanzados3.
Y consecuentemente las teorías sobre el desarrollo, y las políticas derivadas suponen coherentemente esa coincidencia.
Este modo de apreciar el desarrollo económico nos lleva a reconocer implícitamente, que éste tiene como destino la abundancia de recursos, puesto para la satisfacción de las sociedades, donde el énfasis prioritario radica en los objetos producidos. De este modo tiende a privilegiarse a la producción, que obviamente tiene como destino el consumo, resultante este en una fase posterior a aquel. Las necesidades son satisfechas en el acto del consumo, mediante el uso de los bienes y servicios producidos.
Este modo de presentación de la problemática, de algún modo lleva a considerar al sujeto-consumidor, como el objetivo a atender, y por consiguiente mientras mayor sea la provisión de bienes y servicios, mayor y mejor será su satisfacción. Así los bienes económicos son considerados como aquellos capaces de satisfacer las necesidades.
De modo que el progreso es obtenido como consecuencia del crecimiento en la producción. La propia definición de "desarrollado" conlleva e impone una carga valorativa a lograr4, y que puede medirse y cuantificarse como resultado del proceso de acumulación.
Secundariamente, las necesidades humanas son apreciadas desde la producción. Y el sujeto consumidor encuentra su satisfacción (felicidad) en las capacidades de acceder a los bienes producidos y ofertados. Los indicadores consecuentemente empleados referirán a la producción y el consumo de bienes. (Inclusive los bienes de capital (inversiones) se cuantificarán según su capacidad de incrementar el proceso económico.)
¿Es el crecimiento económico una meta significativa? se pregunta el P.N.U.D. "Durante muchos años, el crecimiento ha sido una importante meta económica de los encargados de formular políticas - y de los líderes políticos - basada en la opinión profundamente arraigada de que la provisión de cantidades cada vez mayores de bienes y servicios es la mejor manera de elevar el nivel de vida de la gente. Y con frecuencia se considera que el crecimiento resuelve otros problemas, como el aumento de la capacidad militar, el aumento del empleo y la reducción de los déficit presupuestarios5.
El éxito económico medido a través de los indicadores de crecimiento también encuentra objeciones cuando deja de lado el objetivo de conseguir el bienestar.
Amartya Sen concluye que deben complementarse los indicadores tradicionales con estadísticas que se refieran más directamente al bienestar6
La idea subyacente es que mientras el crecimiento económico, contempla principalmente la producción de bienes y servicios, el desarrollo atiende a la satisfacción de las necesidades humanas. El bienestar se mide "desde el hombre".
Avanzando sobre estos conceptos, Pablo VI expresará que "el desarrollo no se reduce a un simple crecimiento económico. Para ser auténtico, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre"7 .
De modo que el crecimiento pasa a ser considerado como un estadio en el proceso de desarrollo, y es éste el que define el grado de progreso alcanzado por las sociedades. Y este progreso hace referencia directa al hombre en tanto y en cuanto sujeto del actuar económico, y por consiguiente desde él debe medirse el tipo y grado de evolución económica.
El hombre, objeto o sujeto de la economía
La concepción desde la óptica del crecimiento económico, muestra el extraordinario progreso alcanzado, a causa de y confirmado por los adelantos científico técnicos, permitiendo una provisión y calidad en los bienes obtenidos.
Sin embargo, junto a esos resultados, aparece también una división en las sociedades humanas en dos grandes grupos, que se distinguen entre los poseedores y los carentes de aquellos beneficios. Y mientras en estos últimos, el rasgo común es la privación en diversas magnitudes, calidades y escala, como consecuencia de no haber logrado acercarse a los parámetros mas elevados de acceso, curiosamente las sociedades beneficiadas muestran insatisfacción aún en la abundancia, y a despecho de los indicadores de desarrollo.
La sencilla noción que asimilaba el progreso y la suficiencia de riquezas con la satisfacción y felicidad, aparece cuestionada.
Si es cierto que la provisión de bienes y servicios, contribuye al desarrollo humano, aquella se presenta en todo caso como una condición necesaria pero insuficiente.
Una mirada desde la finalidad de la economía, arroja una nueva luz. Si el desarrollo debe servir al hombre, habrá que preguntarse entonces, qué es lo que el hombre demanda para sentirse adecuadamente servido.
Una primera respuesta aparece manifiesta y persistentemente en la historia del desarrollo moderno, y estriba en la desigualdad operada en la distribución de las riquezas. Abundancia y miseria conviven de modo persistente y creciente. A la problemática por el desarrollo, se une como nueva dificultad, la del justo reparto de los beneficios producidos.
El fenómeno contrastante se presenta como un desequilibrio entre los participantes de la sociedad, entre regiones, entre países y entre continentes. El PNUD lo sintetiza afirmando que "el aumento de la disparidad del rendimiento económico está creando dos mundos, cada vez mas polarizados"8 y lo remata ejemplificando que "hay en el mundo 358 personas cuyos activos se estiman en mas de mil millones de dólares cada una, con lo cual superan el ingreso anual combinado de países donde vive el 45% de la población mundial"9.
Esta situación agrega nuevas encrucijadas: a la problemática por la distribución, y los modos para lograrla, se une la necesidad de sostener el proceso de expansión, que es cuestionado por la presencia de los excluidos. En efecto, en la medida que el proceso económico genera una dualidad, -además del incremento de la conflictividad social y las inestabilidades políticas derivadas y contempladas en el circulo vicioso que atrapa a los países menos avanzados-, aparecen limitadas sus posibilidades de expansión, y controvertidas las viabilidades de sostener el crecimiento alcanzado. Bajo este análisis, el propósito del crecimiento debiera asociarse al de desarrollo, extendiendo lo producido en formas de reparto mas amplias, con el fin de no auto limitarse.
Sin embargo, una segunda y mas profunda mirada sobre la finalidad del desarrollo se detiene en los resultados obtenidos en relación a las necesidades humanas. Siendo comúnmente aceptada la finalidad del acto económico como la actividad tendiente a la satisfacción de las necesidades, corresponde inmediatamente responder sobre cuáles, y en definitiva y por extensión por ése hombre al que se debe proveer.
Nuevamente aparece el tema de la concepción que se tiene del ser humano, y ésta nuevamente escapa a un modelo tipo, o un homo economicus que pueda definirse bajo patrones estandarizados.
Y a su vez, esta respuesta escapa al ámbito de la economía. El fin del hombre excede las respuestas de esta ciencia, pero el concepto obtenido y asumido, ciertamente la determinará y dirigirá.
En definitiva, las críticas a la sociedad consumística, objetan la actitud materialista que impregna las conductas, que tienden a conformar un sujeto que se satisface y agota en un consumo permanente. La visión desde la finalidad, permite distinguir entre satisfacción de necesidades, y persecución de deseos.
Mientras los primeros pueden alcanzarse, los segundos quedan permanentemente insatisfechos, pues cada deseo cumplido es reemplazado por uno nuevo. Este punto encuentra además estrecha relación con el planteo de los economistas-humanistas de Mark A. Lutz y Kenneth Lux: "Las necesidades tienen una capacidad natural de satisfacción; los quereres, en cambio, son infinitos"10
De allí que desde esta visión se pueda inferir, la realidad o irrealidad de los supuestos de comportamiento, y por ende la validez o invalidez de sus análisis, previsiones y políticas.
El hombre en el Desarrollo
Arribamos así al aspecto medular en la consideración del desarrollo. ¿Cuál es el rol del hombre en ése proceso?
La pregunta podría resultar ociosa, si no fuese por la persistencia de las declamaciones tendientes a considerar la "necesidad de humanizar la economía", encontrar "el rostro humano" en el mundo económico, "humanizar los mercados", etc., como si el hombre se hubiese extraviado en un proceso confuso, que lo incluye pero lo desconsidera.
Particularmente el enfoque macroeconómico hace perder noción del árbol en un bosque científico técnico, sujeto a variables que lo superan.
Nuevamente Lutz y Lux insisten: "Resulta una locura separar el problema económico del humano, como si pudiéramos aislar los medios sin considerar los fines. Bajo todo punto de vista y en todo momento se debe enfocar la cuestión económica a la luz de los fines últimos de la vida humana" 11
Las consideraciones de una economía "más humana" llevan a incluir explícitamente al hombre como destinatario del proceso de desarrollo. Aún sin definir adecuadamente el presupuesto humano, el PNUD cree que "el crecimiento económico es un medio para lograr un fin: aumentar las opciones de la gente"12, siguiendo al economista antillano Arthur Lewis quién definió el propósito del desarrollo como "ampliar la diversidad de las opciones humanas."13
Desde esta perspectiva, el hombre (en realidad se hace referencia a "la gente") es considerado como un objetivo privilegiado: el fin es el desarrollo humano14.
Siendo un elemento clave del desarrollo, se lo contempla como a una factor especial que requiere de cuidados propios, y es capaz de producir mas y mejor en tanto y en cuanto se atienden a sus necesidades vitales. Pero por otra parte, la orientación de ese desarrollo humano deberá observar también si aumenta su "potenciación".
Un buen crecimiento económico es aquel que promueve el desarrollo humano en todas sus dimensiones: generando empleo y posibilidades de ganarse el sustento; propicia la libertad de las personas; distribuye equitativamente los beneficios; promueve la cohesión social y la cooperación; salvaguarda el desarrollo humano futuro15.
Conviene advertir que las consideraciones presentadas no surgen espontáneamente, ni son asumidas desde otras dimensiones colindantes con la ciencia económica, como es en el caso de la escuela de Psicología Humanista. Al menos explícitamente no se asume una definición desde la Antropología o la Filosofía, o incluso desde alguna corriente religiosa.
Más bien parecen derivadas de observaciones y análisis que permiten apreciar los elementos favorables y contradictorios acaecidos entre el desarrollo económico y la gente. Privilegiando a esta última, se analizan entonces las características del desarrollo, y se formulan observaciones y recomendaciones.
No obstante, es razonable suponer que aún en lo indeterminado, hay una visión implícita16. Y de todos modos, resulta manifiesta su intención de demostrar la no contradicción entre el crecimiento económico y el desarrollo humano, antes al contrario, descubrir y establecer los lazos de unión entre uno y otro, de modo de asegurar su potenciación.
Desde ese sentido, el desarrollo humano logrado entre otras cosas mediante una distribución equitativa de los bienes, al tiempo que posibilita una vida más digna a las personas, asegura a su vez mejores condiciones de crecimiento.
Quizá uno de los mejores logros de esta visión, junto a análisis y juicios críticos a un modo de pensar mecanizado y excluyente de la condición humana que se pretende promover, consista en el fuerte y extenso apoyo estadístico utilizado para confirmar sus apreciaciones. A partir de estás se obtiene un Indicador de Desarrollo Humano (IDH), que sintetiza las mediciones de ingreso per cápita, junto a los niveles de salud y educación.
Los análisis del PNUD son conocidos a partir de 1990, mediante informes anuales a escala planetaria, y también específicos para diversos países.
Otro enfoque vigente durante el siglo XX, pero explícitamente manifiesto a través de su expresión sobre el desarrollo, proviene desde la Iglesia católica mediante su doctrina social dada a conocer a través de encíclicas y otros documentos. Particularmente importa destacar la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI en el año 1967, como la base fundamental en la materia.17
La posición doctrinal de la Iglesia parte sencillamente de reconocer la dignidad eminente de la persona humana, que es creada a "imagen y semejanza de Dios", con una misión y caracteres específicos durante su vida: crecer, multiplicarse y dominar la tierra18. "En los designios de Dios, cada hombre est* llamado a un determinado desarrollo, porque toda vida es una vocación...el crecimiento humano constituye como una precisa síntesis de nuestros deberes...todos los hombres están llamados a un pleno desarrollo"19
Esta fundamentación con base antropológica, reconoce la condición personal, individual y social del hombre, "autor, centro y fin de toda la vida económico-social"20, sujeto de deberes y derechos, de paso en el mundo hacia una vida plena en la eternidad, en la medida que manifieste un comportamiento de amor a sus semejantes, que en el aspecto social se identifica con la solidaridad hacia el prójimo, definido como hermano, e hijos por tanto de un mismo Padre.
Las tres propuestas fundamentales de Pablo VI parten de considerar que la temática del desarrollo se inscribe en un contexto más amplio que es ético-cultural. De suyo, el circuito económico ocurre y opera en un marco, que denominamos sistema económico21. La conducta económica y la política económica se inscriben en la conducta moral, que perfeccionan y orientan el obrar técnico.
En segundo lugar, se aprecia que la problemática del desarrollo tiene alcance mundial, y que su complejidad excede el marco de análisis y las políticas locales, por lo que deben establecerse acciones conjuntas.
Y en tercer término identifica el objetivo del desarrollo: la paz y esta es posible como fruto de la justicia. Apoyándose en análisis específicos22, y en coincidencia con la escuela de Psicología Humanista, se subraya la no aceptación de "la separación entre lo económico y lo humano"23.
El fin del desarrollo no radica en la acumulación, sino en la posesión de bienes que permitan un mayor crecimiento de la persona. La persona se desarrolla en su "ser" antes que en el "tener". De modo que el crecimiento debe estar orientado hacia ella, cuyos fines parten de lo material, pero se elevan hacia otros valores superiores y trascendentes, y no queda en la esfera individual, sino que se inscribe en una realidad social. De allí la mención y promoción particular de la familia, en cuanto célula básica de la sociedad.
El proceso sería así: el fin del desarrollo es la paz, y esta es fruto de la justicia. Y esta a su vez reclama justa distribución de los bienes (para todos los hombres) y su adecuado uso para todas las dimensiones de cada hombre. Por eso la producción y el consumo deben orientarse bajo estas premisas, que establecen como un mínimo (para evitar la miseria) y un máximo (para evitar los excesos), en un contexto de interdependencia solidaria. El modelo es el espíritu de familia, donde sus integrantes son apreciados por lo que son, antes que por lo que tienen. Por eso el desarrollo no se reduce a lo económico, sino que debe ser integral, para obtener entonces el desarrollo económico.
Aportes concretos desde la visión cristiana
Continuando la enseñanza social, Juan Pablo II es quién a partir del marco conceptual propuesto por su antecesor, identifica un conjunto de indicadores que permitan examinar las características del desarrollo humano24
a) Partiendo de tres agrupaciones de indicadores genéricos25, señalamos:
1) los que provienen de la observación de la realidad: que a su vez muestra las multitudes de personas en la miseria (indicadores de indigencia y de pobreza)
2) el alargamiento en el tiempo de las desigualdades (que podría mensurarse a través del índice de Gini y la curva de Lorenz), mas una medición temporal, para verificar el agravamiento.
3) Indicadores sectoriales de producción y consumo de bienes destinados a la alimentación, salud, higiene, vivienda, disponibilidad de agua potable, condiciones de trabajo, y condiciones de trabajo femenino.
Estos indicadores -se indica- deben ser evaluados en sí mismos, y luego en relación entre los desarrollados y los no desarrollados.
b) Aparecen después otros indicadores culturales, para apreciar el analfabetismo, las dificultades para acceder a la enseñanza superior, formas de explotación económica, la capacidad de participación, y especialmente el derecho de iniciativa económica.
c) Dado que desde esta visión, se analiza el desarrollo en tanto y en cuanto sirva al hombre ("a todo el hombre y a todos los hombres"26) se llama la atención sobre la problemática del subdesarrollo, pero también sobre el "superdesarrollo". Para ello se plantea el uso de indicadores de desechos, basuras y descartes, como formas de medir el exceso en la disponibilidad de bienes. Adicionalmente se incluirían indicadores de variación en el uso debido a cambios en las modas.
d) Partiendo de que el autentico desarrollo implica la plena participación de los miembros de la sociedad ("o participan todos o no hay desarrollo"27) se mencionan otros tres indicadores específicos a considerar: la disponibilidad de viviendas (como síntesis de las insuficiencias económicas, sociales y culturales), los niveles de desempleo y subempleo (para verificar el progreso en el espíritu de justicia y paz), y la deuda internacional (como comprobación de la presencia de mecanismos contraproducentes para el desarrollo).
e) Un punto especial merece la consideración del tema de la familia.
Asumida como célula fundamental para la sociedad, ella manifiesta en escala, el grado de desarrollo social alcanzado, y a su vez repercute sobre la sociedad que va conformando. De allí que la mayor parte de los indicadores pasan o se producen por el núcleo familiar. Por ello aparecen una amplia gama de indicadores vinculados con ella, y otros específicos con su función de protección, educación, y promoción de la vida humana. Asimismo los indicadores cualitativos referidos a la calidad de la vida humana se inscriben en ese marco. De allí que su apreciación sea medular para el análisis de esta postura28.
f) Y esa consideración permite a su vez avanzar sobre la actual temática contemporánea referida al Capital social. Sus formas de medición, complejas en algunos casos, e imprecisas por la propia naturaleza de la cuestión en otros casos, encuentran también basamento en el análisis de la familia, y particularmente en el "espíritu de familia" como elemento esencial, distintivo y creativo del capital social.
Estimado como el componente que aglutina a la sociedad, que mantiene la cohesión social, y mas genéricamente como la forma en que la gente interactúa, coopera y resuelve sus conflictos, el capital social puede ser el factor mas crucial para el desarrollo de cualquier sociedad29.
De este modo, esta cosmovisión propone la posibilidad concreta de la utilización de diversos indicadores como guías orientadoras y confirmantes, pero también como elementos demostrativos del grado y tipo de desarrollo alcanzado en relación con la meta establecida: un desarrollo integral, que promueva a todo el hombre y a todos los hombres.
Consideraciones finales
La explicitación de la finalidad en la economía, se convierte en un elemento crucial para la consideración del desarrollo, como así también para su medición y posterior evaluación. Dado el propósito de esta ciencia, de estudiar como la actividad humana puede proveerse con los medios necesarios para la satisfacción de sus necesidades, se puede entonces distinguir con mayor claridad su objetivo principal.
Adicionalmente permite discernir entre una visión mas inclinada por la producción y lo material, de otra mas centrada en los aspectos humanos.
Posteriormente, y dentro de estas últimas, importará reconocer cuál es su concepción del hombre, y en función de ella, se establecerán sus pautas, modos de comportamientos, criterios de política, etc.
Considerando al hombre como la finalidad propia que el proceso de desarrollo debe atender, hemos presentado las visiones más usuales que explícita o implícitamente se tienen de él. Y hemos visto inmediatamente que la evaluación del proceso de desarrollo guarda relación con el punto de vista sostenido.
Aparecen diferentes formas de examen, medición y evaluación del desarrollo, si por él lo entendemos desde la generación productiva (crecimiento), o si lo enfocamos en relación con el ser humano.
A su vez, el enfoque desde el hombre, en cuanto finalidad de la economía, lleva a plantearse de qué tipo de sujeto estamos apreciando. Y a partir de allí, surgirán entonces nuevas pautas para evaluar el grado de avance del desarrollo humano.
Adicionalmente hemos expuesto algunas apreciaciones del enfoque del hombre y su relación con la Economía desde la visión de la Psicología, y sus críticas a aquella, por su pretensión de separar lo humano de lo económico.
También hemos visto las relaciones entre desarrollo humano y crecimiento, desde la perspectiva del PNUD, y su aporte con un amplio instrumental para la medición y el análisis.
Y por último hemos presentado el enfoque desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, para llegar a los indicadores genéricos recomendados para su empleo. Quizá el aspecto saliente es que la postura es deducida desde el hombre, explicitando qué entiende por tal, su finalidad propia, y luego ajustando el desarrollo en relación a él.
Si bien no se ha presentado un análisis comparativo de los indicadores seleccionados, parece razonable la impresión que el instrumental a utilizar no presenta significativas diferencias con otros habitualmente empleados. En todo caso, la tarea principal pasará por distinguir, seleccionar y agrupar los indicadores y ordenarlos en relación con el objeto que se quiere medir. Inclusive podrá observarse que un mismo indicador dice cosas diferentes según el punto de vista que se tiene, o de lo que se desea medir30.
Queda por acotar que la obtención de los instrumentos de medición, en principio no debiera ser un obstáculo de extrema dificultad, dado el arsenal estadístico disponible en la actualidad.
No obstante, habrá que atender a algunas realidades humanas y sociales, que si bien se las reconoce desde el intelecto como influyentes en el proceso de desarrollo, pueden presentar dificultades de medición. Tal puede ser el caso en la temática del capital social y sus efectos sobre aquél.
Notas bibliográficas
1 Samuelson, Economía, Mc. Graw-Hill, 12ª. Edición, 1988.
2 Ibidem Cap. 36 y 37.
3 Ib. Pág.992.
4 Siguiendo a Hausman y Mc Pherson quienes sostienen que "la racionalidad es normativa, Ricardo Crespo señala que "la economía es subyacentemente normativa por naturaleza" y mas adelante: "al describir y explicar, si la explicación es buena, también se prescribe". Extraído de Noción y tareas de la Economía, su carácter normativo y sus conexiones con la ética, de Ricardo Crespo.
5 Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe de Desarrollo Humano, 1996, p.48.
6 Amartya Sen, "La vida y la muerte como indicadores económicos", Investigación y Ciencia, Madrid, Julio 1993. Extraído de www.unrc.edu.ar/publicar/21/uno.html
7 Pablo VI, Populorum Progressio, Ediciones San Pablo, 1967.
8 PNUD, op.cit., Pág. 2
9 PNUD, ib.
10 Extraído de: Psicología Humanista y Economía, de Ricardo Crespo.
11 Ib.
12 PNUD, op.cit. Pág. 13
13 ib.
14 Ib.pag.1
15 ib. Pág. 63.
16 Cuyas apreciaciones deberán ser motivo de otras investigaciones.
17 En realidad esta encíclica responde a la propuesta y principios establecidos en 1965 por el Concilio Vaticano II, en su constitución pastoral Gaudium et Spes. Posteriormente a aquella, Juan Pablo II actualizó, y profundizó sus contenidos en otra carta encíclica (Sollicitudo Rei Sociales) compuesta veinte años después (1987).
18 Génesis, 1, 28.
19 Populorum Progressio, Pablo VI, 1967, nos. 15 y ss.
20 Const. Pastoral Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II, cap III, 63.
21 Cfr. Francisco Valsecchi, Qué es la Economía, Ed. Columba.
22 L. J. Lebret, Dynamique concrète du développement, Paris, Eco
23 Populorum Progressio, n. 14
24 muchos de los cuales presentan notables similitudes con los propuestos posteriormente por el PNUD en sus informes de Desarrollo Humano, aunque estos se han llevado a la práctica y concretado luego en múltiples series estadísticas y comparaciones a nivel internacional con casi todos los países.
25 Sollicitudo...op.cit.
26 Populorum...op.cit
27 Sollicitudo...op.cit
28 "Los males de la sociedad son un reflejo de los males familiares. Cuando la familia, célula b*sica y vital de la sociedad, est* enferma, toda la sociedad también lo est*...Cual es la familia, tal es la nación porque tal es el hombre" Juan Pablo II, Homilía, 8.6.1979, extraído de Diccionario Social y Moral de Juan Pablo II, EDIBESA, Madrid, 1995.
29 The World Bank Group, Beyond Economic Growth, by Tatiana P. Soubbotina y Catherine Sheram, 2000. Cap. XVII.
30 Así por ejemplo, la recaudación impositiva del IVA expresa simultáneamente la evolución de los ingresos públicos como así también la marcha de la actividad económica. Y un índice de nacimientos no solo es un indicador demográfico, sino también expresa las perspectivas y esperanzas futuras que hoy tiene una sociedad determinada. etc.
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